Por: Patricia Lara Salive

Le dejamos esta inquietud, gobernador González…

LO SUCEDIDO CON LA CARRETERA Sasaima-La Vega es un buen ejemplo de cómo pueden desperdiciarse los recursos del Estado.

Les cuento la historia, queridos lectores, aclarándoles que soy parte interesada, porque tengo finca en Sasaima: resulta que la vía mencionada pertenecía al Plan 2.500 del gobierno de Uribe; se construyó en su mayoría; se convirtió en una carretera transitable hace unos cuatro años, pero al poco tiempo se desbarató porque quedó mal hecha; no se terminó, ya que el contratista se quebró; le aplicaron la caducidad del contrato y, como tampoco se contempló hacerle mantenimiento, casi todo lo hecho se deterioró, y al gobernador Andrés González le tocó comenzar prácticamente de cero.

Y González, oriundo de La Vega, mostró gran interés en conectar La Vega con Sasaima, dos de los municipios más importantes de la zona centro-occidental de Cundinamarca. Y ante la comunidad, prometió que inauguraría esa carretera antes de terminar su gobierno. Entonces contrató y pagó ¡otra vez! los estudios, consiguió los recursos ampliando 15 años el contrato de concesión con la Concesionaria Panamericana S.A., el cual quedó vigente hasta 2035 y, lo restante, lo completó comprometiendo vigencias futuras del departamento.

Pero resulta que, tal vez por manejar un departamento lleno de necesidades, y picado por el bicho de la política, asignó dineros a varios proyectos, entre ellos la carretera Sasaima-La Vega y dos vías que, si las acabara, unirían a Los Alpes con Quipile y a San Juan de Rioseco con Pulí, pero que hacerlas vale, la primera $67.000 millones y la segunda $53.000, cuando la gobernación sólo asignó, para las tres, $33.000 millones. En cambio la plata sí le alcanzaría para construir de nuevo la vía La Vega-Sasaima, que sólo cuesta 30.000.

¿Por qué, entonces, en lugar de querer complacer a todo el mundo y hacer incompletas y, por ende, casi intransitables, tres carreteras, no le deja una buena obra a su pueblo, esa vía, vital para el comercio y el turismo de la zona, la cual, ante el grave riesgo de deslizamientos en Albán y Guayabal de Síquima, anunciados por el gobernador, se convierte en una vía principal? ¿Tiene algún sentido, como al parecer va a ocurrir, pavimentar 3 kms a la salida de cada municipio, que unidos a los tramos que aún quedan de lo hecho antes, dejarían la vía convertida en un pedazo bueno, otro malo, uno bueno, otro pésimo, sin que exista la posibilidad de poner un peaje cuyos fondos garanticen su mantenimiento porque sólo podrían pasar los vehículos de doble tracción y la población tumbaría al que pretendiera cobrar un valor por recorrer esa caricatura de carretera?

¿No sería mejor, gobernador, atender el propósito del presidente Santos de “no emprender obras nuevas, sino de concluir las comenzadas”, y poner toda su buena voluntad —que la tiene— en cumplirle su promesa a su comunidad e inaugurar esa carretera?

Aún es tiempo de rectificar, doctor González…

Nota: Al cierre de esta columna, me llamó el gobernador para responder mi pregunta. Le entendí que, dada la emergencia invernal, los esfuerzos están encaminados a habilitar las carreteras principales, que son la prioridad y que deben funcionar para que tenga sentido construir vías secundarias.

El argumento del gobernador es válido. Pero la decisión de invertir un poco aquí y otro allá, sin que así pueda terminarse obra alguna, se tomó antes de esta ola invernal.

En conclusión, apreciado gobernador, más vale hacer una obra bien hecha que dejar varias a medias.

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