Por: Daniel Emilio Rojas Castro

Le Pen y Macron: la recta final

El resultado de la primera vuelta de la elección presidencial sentencia la muerte de la V República, ese régimen constitucional que desde 1959 estructuró la vida política de los franceses en torno a dos grandes partidos de izquierda y de derecha.

Cincuenta y ocho años después, socialistas y republicanos reúnen a penas el 26 % de los sufragios de la elección presidencial y no figuran en la segunda vuelta. El cambio es drástico y el momento atípico: ninguno de los triunfadores de las consultas internas de los partidos figura en la segunda vuelta, la justicia tuvo un protagonismo inusitado en la campaña y el 40 % de los franceses optó por un voto de ruptura mientras el 20 % se abstuvo de votar.

La atomización del paisaje político y el colapso del bipartidismo crearon la dinámica en la que se mantuvo la elección presidencial. Los dos polos tradicionales se desdoblaron en cinco: el centro encarnado por Emmanuel Macron, otrora miembro del socialismo y exministro de Finanzas; la extrema derecha del Frente Nacional (FN), de Marine Le Pen; la derecha republicana, debilitada y fragmentada por los escándalos de corrupción, en particular de F. Fillon, el exprimer ministro que se perfilaba como el ganador de estos comicios antes de que saliera a la luz pública que su esposa había sido empleada subrepticiamente como asistente parlamentaria; el Partido Socialista de Benoît Hamon, cuyo escaso 7 % en las elecciones sanciona la derrota más importante de esa agrupación en las últimas cinco décadas y, finalmente, la izquierda de la izquierda, reunida bajo la figura de Jean-Luc Mélenchon, quien a pesar de no haberse calificado para la segunda vuelta obtuvo el 19 % de los sufragios.

La inquietante progresión del FN en las elecciones presidenciales de 2005, o sus victorias sucesivas en las elecciones legislativas, departamentales y europeas, nunca amenazaron realmente al bipartidismo dominante. La estocada final contra la V República no la propinaron los ultraderechistas. La sorpresa viene con Emmanuel Macron, el candidato de 39 años del partido En Marche!, que se separó a tiempo del actual gobierno socialista y se sirvió de un discurso aglutinante hacia el centro para sumarle a sus propios electores aquellos que abandonaban una derecha republicana carcomida por los escándalos de corrupción y un socialismo a la deriva, que seguía debatiéndose entre la socialdemocracia y la socialecología ad portas de la primera vuelta.

Aunque los sondeos actuales den como ganador a Macron (62 % contra 38 % para Marine Le Pen según Ipsos, y 64 % contra 36 % según Harris Interactive), el problema de esta elección no sólo está en asegurar la victoria presidencial, sino en saber que es muy probable que el nuevo presidente no obtenga una mayoría parlamentaria que le permita gobernar. Durante la V República eso siempre sucedió, pero el debilitamiento de los partidos tradicionales y el rechazo generalizado al voto útil para cerrarle la puerta a Le Pen hacen prácticamente imposible que ese esquema continúe vigente.

De ganar la elección presidencial, Macron sólo podrá contener la avanzada del FN si obtiene un respaldo parlamentario amplio. Pero para obtener ese respaldo debe ganar, y a pesar del optimismo de algunos, eso todavía está por verse.

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