Por: Beatriz Vanegas Athías

Leandro o una pena que atormenta

Dos penas tuvo Leandro Díaz: su ceguera (que supo transformar en lucidez y cantos) y el desprecio de Abel Rafael Duarte Díaz, su padre, quien una vez enterado de que le había nacido un hijo ciego lo miró como una vergüenza o un “fenómeno”. Entonces lo condenó al desamor y a la indiferencia hasta el día de su muerte. Y ya se sabe que en una región tan patriarcal como el Caribe colombiano el desafecto de un padre es un dolor inconmensurable.

Alonso Sánchez Baute es un escritor de Valledupar que apareció en 2002 para los lectores con Al diablo la maldita primavera; luego nos brindó Líbranos del bien; más tarde, ¿De dónde flores si no hay jardín? y la compilación de crónicas ¿Sex o no sex?, además de un libro de circulación muy popular editado por Rey Naranjo Editores que recoge una serie de columnas sobre Las formas del odio. He leído con el juicio que genera el placer toda su obra y pienso que en cada uno de sus libros el autor se reinventa con la intención de indagar terrenos impensables de la condición humana.

Es la de Alonso Sánchez Baute una escritura que desde el mismo lenguaje recrea con verdad, por ejemplo, el mundo de adentro y de afuera de Ricardo Palmera, su paisano Juvenal Ovidio Ricardo Palmera Pineda, alias Simón Trinidad, exguerrillero de las Farc, y Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40, un excomandante paramilitar de las Autodefensas Unidas de Colombia, en su maravilloso libro Líbranos del bien.

Pero ¿qué es recrear con verdad? Pienso que se trata de ese procedimiento literario en el que el lenguaje es tan poderoso por la precisión de la semántica utilizada que convoca a lectores de todos los pelambres y tendencias. Eso sucede, creo, con esa tragicómica narración en primera persona de la drag queen de Al diablo la maldita primavera. Y sucede, cómo no, con su más reciente libro: Leandro. Una biografía novelada en la que el autor es también un personaje en busca de las voces de quienes le ayudarán a configurar al juglar ciego que aprendió a ver más allá de quienes le enseñaron.

Alonso Sánchez Baute narra una tristeza y un modo de estar en la vida: “Nacha me contaba su dolor. Ella sufrió mucho, ¿sabes? Porque sufrió en silencio. Como sufrimos siempre las mujeres en la soledad de nuestra casa”. Narra una cultura del prejuicio y del lugar común que suele degenerar en crueldad normalizada: “Hay que proteger al fuerte”, dijo Abel. “Nacha nunca más dio de mamar a Leandro”. Narra el arte de la curiosidad que encarna Leandro, ese niño que tuvo que fundar un mundo propio para luego sobrevivir gracias a él y de paso ayudarnos a vivir a quienes hemos disfrutado de su canto prodigioso porque tenemos ojos que no ven: “Nacha ­ porque Leandro le llegó a decir mamá fue después de que él se enfermó, ¿por qué los árboles quedan desnudos en verano? O ¿de dónde vino la peste que les dio a las gallinas? ¡Hmmm! Nacha quedaba muda. ¿Cómo iba a sabé eso? Otro día le preguntó: ¿Por qué la luna no da frío como da calor el sol?”,

Sánchez Baute narra la historia de una y mil mujeres. De uno y mil amores. De uno y mil desamores a través de la jugosa vida de Leandro Díaz. Léanlo, es un ejercicio de clarividencia este bello libro.

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