Por: Andrés Escobar

Lecciones de la imprudencia

Grecia vuelve a encabezar los titulares de los diarios. Luego de la crisis de financiamiento en la que se vio envuelta durante el primer semestre del año pasado, la Unión Europea la apoyó con un paquete de varias decenas de miles de millones de euros.

A cambio, el gobierno griego se comprometió con un ajuste fiscal durísimo, que sin embargo parece no ser suficiente.

Esta semana crecen los rumores de que más ajuste será necesario o de lo contrario los helenos tendrán que reestructurar su deuda. Portugal también está en la mira, al igual que España. A Estados Unidos también lo están mirando con atención, porque su déficit fiscal sigue por las nubes.

Afortunadamente la situación en Colombia pareciera ser diferente. Ya nos quemamos fiscalmente los dedos con la crisis de 1999 y el grado de inversión recientemente otorgado da fe de que estamos haciendo la tarea mejor.

Sin embargo, la década que tenemos por delante está llena de retos. Más gasto en infraestructura, más gasto en educación, la consabida carga fiscal del irresponsable manejo que le hemos dado al sistema pensional por décadas y un elevado presupuesto del sector defensa.

Sumémosle a eso lo que va a costar tener una rama judicial debidamente financiada y los recursos que se requerirán para honrar la ley de víctimas. No olvidar, por supuesto, el fantasma de los costos crecientes del sistema de salud, que la experiencia internacional muestra nunca paran de crecer.

Aparentemente nos espera mucho petróleo, gas y otras riquezas del subsuelo. Crecemos bien y Colombia está de moda para un mercado internacional de capitales desbordado de liquidez. Pero ahí está la trampa, la tentación de la complacencia, la laxitud y la imprudencia. No nos comamos tanto el cuento, porque los costos a futuro tienen mayor probabilidad de ocurrencia que los ingresos.

Este no sólo es un llamado de atención al Gobierno sino a la sociedad. La prosperidad puede terminar siendo un espejismo efímero si se hace al debe, como elocuentemente lo muestran algunas naciones europeas. No nos sintamos muy ricos a la hora de discutir las tareas que tenemos pendientes.

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