Por: Juan Carlos Pinzón Bueno

Lecciones de la reforma a la salud… en Estados Unidos

ESTE FIN DE SEMANA ES CRUCIAL PARA el gobierno del presidente Obama. El domingo se dará muy seguramente la votación en la Cámara de Representantes de la ya famosa reforma al sistema de salud.

Si logra la aprobación obtendrá una victoria política que seguramente le permitirá avanzar en temas claves de su agenda, como el cambio climático y la reactivación económica. Pero al mismo tiempo la impopularidad de la reforma puede significar que los congresistas que voten favorablemente sean castigados por los electores en noviembre y con ello el gobierno Obama pierda las mayorías en el Congreso.

Si fracasa la reforma, luego de más de un año de debate y con la Casa Blanca jugada a fondo, la administración Obama quedaría muy debilitada y según algunos analistas con pocas posibilidades de reelección en 2012, a pesar del carisma del Presidente. A la vez, la posibilidad de sacar adelante reformas estructurales sociales o fiscales en los próximos años sería muy baja, con los consecuentes riesgos de mediano plazo que hoy ya presionan a la economía norteamericana.

Es importante entender por qué hay diferencias tan marcadas entre quienes promueven la reforma y quienes están en contra. Hay razones políticas de corto plazo y existen razones ideológicas de fondo que han ido aflorando en el debate. Las políticas se fundamentan en las elecciones de noviembre, los republicanos que hoy son minoría han encontrado que el fracaso de esta reforma los fortalece, mientras los demócratas han detectado una reacción negativa de la opinión y temen desconectarse del electorado.

Sin embargo, lo más interesante es el debate ideológico que muestra cómo operan las democracias. Los demócratas consideran que deben tener un sistema de salud con cubrimiento universal (más allá del de urgencias que ya existe), financiado por el gobierno. El argumento central es que el sistema actual implica costos muy elevados e insuficiente cubrimiento. Los republicanos consideran que los seguros de salud deben ser financiados directamente por los usuarios y con la libre elección de proveedores. Los temas que creen que estarían en riesgo con la reforma son un deterioro fiscal (que ya es preocupante), el desarrollo de la investigación científica, así como la calidad, y la libertad para los usuarios.

El debate ha sido muy interesante: el gobierno, los académicos, los partidos, el sector privado, los sindicatos, los usuarios y los médicos han fijado sus posiciones. Todo indica que se requiere la reforma, tal vez una más completa. Esta es una lección para el caso colombiano. Hacer reformas sociales en las que los ciudadanos se sienten afectados es difícil, por lo mismo se necesita un proceso que persuada a la opinión y le dé confianza sobre la conveniencia y los beneficios. Los argumentos técnicos, el carisma y los buenos discursos son importantes, pero no son suficientes. Se requiere de gobernantes que tengan capacidad de buscar consensos políticos y de arriesgar su capital político. Cualquiera sea el resultado, este momento quedará por varios años para el análisis.

Nota: Ojalá salga adelante el proyecto del metro de Bogotá. A veces parece que quienes se oponen no piensan en la conveniencia para la ciudad, sino en el fracaso de los gobernantes de turno con exclusivo objetivo político. No tengo afinidad con el gobierno de la capital, incluso lamento la pobre gestión, pero lo que está en juego es el futuro de Bogotá. La ciudad debe aspirar a ser una capital importante en el mundo.

 

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