Lecciones de vida

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Esta semana comencé a leer los diez pergaminos del best seller “El vendedor más grande del mundo”, del escritor estadounidense Og Mandino, catalogado como una de las obras más vendidas en el mundo y de mayor influencia en las personas después de la Biblia. Un libro atrayente que logra resumir la vida humana en tres términos sencillos: amor, verdad y fe.

Aprovechando esta época navideña, decidí compartirles algunas reflexiones, consejos y enseñanzas de vida que nos deja esta fascinante lectura sobre la importancia de afrontar los problemas con buen humor y optimismo. El lavado de cerebro comienza con un enjuague a ese pesimismo que llevamos todos por dentro. Cuando dejamos de ser esclavos de los malos hábitos y los reemplazamos por aquellos que nos acercan a la tranquilidad, el gozo y el éxito, la vida nos sonríe inmediatamente. Dice el autor que “la única diferencia entre aquellos que han fracasado y aquellos que han tenido éxito reside en la diferencia de sus hábitos”. En adelante comenzaré cada día estrenando un buen hábito.

El segundo mensaje importante de esta fascinante lectura tiene que ver con el grado de amor que le ponemos a nuestro trabajo o expresamos a los demás. El autor considera que el amor es “el secreto más grande y el arma más poderosa del éxito en todas las empresas y las personas”. Ahora entiendo por qué a mi madre las comidas que prepara le quedan tan deliciosas. Ella siempre responde que la receta está llena de amor.

Me imaginé en el recorrido de esta lectura que me iba a tropezar con la palabra “persistencia”, ese esfuerzo que nos toca hacer cada día para lograr algo. La misma constancia que tiene el leñador cuando golpea una y otra vez su hacha contra el fuerte roble, hasta derribarlo. Mandino considera que “la persistencia ayuda a desarrollar otras habilidades para afrontar los obstáculos que nos encontramos en el camino de nuestros propósitos”, algo totalmente cierto.

A nadie le cabe la menor duda de que el peor mal de este siglo en las personas ha sido la preocupación. Siempre vivimos en una constante angustia anticipada por lo que pueda pasar en el mañana, olvidándonos de dar las gracias por el amanecer de hoy. En este pergamino, el autor nos invita a vivir cada día como si fuese el último de nuestra existencia, tal cual como reza en Mateo 6:34: “No se preocupen por el día de mañana, porque el mañana traerá sus propias preocupaciones. Cada día tiene ya sus propios problemas”.

Si hay algo que me identifica totalmente con el autor de estos pergaminos es el estado de ánimo cambiante con que amanecemos cada día. Las emociones han sido nuestro tormento durante toda la vida, porque dentro de nosotros hay una rueda —como dice Mandino— que cambia constantemente de la tristeza al gozo, de los transportes de alegría a la tristeza y de la felicidad a la melancolía. Para dominar nuestras emociones y permitir que nuestros días sean de plena felicidad, Mandino aconseja que debemos controlar nuestros pensamientos para meterles freno de mano a nuestras emociones.

Continuará…

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