Por: Luis Carlos Vélez

Lecciones desde Kazán

Los días durante esta época del año acá en Kazán, en el suroeste de Rusia, son muy largos. Solamente entre 11 de la noche y dos de la mañana hay oscuridad; de resto, el sol ilumina la jornada. La temperatura también es extraña: a pesar de ser verano, corre un viento helado y la lluvia cae de la misma manera premonitoria en que lo hace cuando antecede a una nevada. Lejos de nuestra tierra, con ocho horas de diferencia con Bogotá, tuve la oportunidad de reencontrarme con un colombiano que está haciendo historia: el profesor Juan Carlos Osorio, técnico de la selección mexicana.

Osorio es un personaje especial. Su andar pausado, mirada fija, facilidad de palabra y sensibilidad me dan la sensación de estar sentado frente a un monje budista que irradia tranquilidad y sabiduría. Conversamos en un escenario muy diferente a su reflejo, la Copa Confederaciones, donde el equipo que dirige, en medio de críticas y presiones, acaba de pasar a las semifinales.

A pesar de que nuestro diálogo para Telemundo se centró en gran parte en las noticias del momento, el VAR, la selección y las rotaciones de jugadores en el plantel, lo que realmente rescato para la vida es el momento en el que hablamos de los valores que debe tener un equipo. Según Osorio, estos son: humildad, combatividad y resiliencia. Asegura: “Humildad no es creerse uno el mejor, pero falta de humildad es no dar todo lo que uno tiene que dar y está a su alcance para lograr ese estado de ser el mejor”. Y sobre la resiliencia sostiene: “Es la capacidad de revertir situaciones difíciles, como la de Nueva Zelanda, como la de ir dos veces por debajo en el marcador contra Portugal y empatar ante una de las mejores selecciones del mundo”.

La selección mexicana no es un equipo fácil de manejar. Como la colombiana, está compuesta de individualidades destacadas en el fútbol internacional. Afirma: “Al principio éramos un grupo de jugadores y con objetivos individuales. Yo creo que ahora todos esos objetivos los hemos modificado y ahora son objetivos colectivos. El equipo, entre otras cosas, se ve con un espíritu de solidaridad notable y eso se transmite en la cancha: la combatividad, la determinación con la que se juega”. Lo que más me gusta del fútbol es que permite trasladar muchas lecciones a la vida misma y sus escenarios, como el trabajo y la familia. Como padre, jefe o líder de grupo, siempre será necesario buscar el bien común, la entrega y la colaboración. Eso nos permite, en definitiva, ser mejores seres humanos y, de paso, ojalá, ganar un torneo mundial.

 

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