Por: Juan David Zuloaga D.

Lecciones extraídas de la Teoría del partisano

En tiempos de Clausewitz, incluso los teóricos más radicales distinguían entre guerra y paz. La guerra era un estado de excepción que se diferenciaba claramente de la paz.

Con el advenimiento de la guerra del partisano en el siglo XX fue posible que se diluyera la barrera que tan claramente delimitaba los dos dominios y que germinara, tristemente, una enemistad absoluta. Se caracteriza esta enemistad absoluta –y no meramente política– porque no conoce acotación alguna ni se ciñe a las normas que, de manera tácita o explícita, han regido los asuntos bélicos desde la guerra de Troya, al menos. Además, se propone la lucha partisana o de guerrillas como una legítima defensa que «justifica todos los medios». Tal, más o menos, es lo que nos viene a decir Carl Schmitt en su Teoría del partisano.

Traigo a colación estas reflexiones del gran jurista alemán porque quizás en ningún dominio se deja ver con tanta claridad el daño que la guerra de guerrillas le ha hecho al país como en el de, en otro tiempo, la clara distinción entre guerra y paz. El haber la guerrilla mezclado «todas las formas de lucha» para vencer en la guerra ha hecho que sus contrincantes emplearan todos los medios a su alcance para procurar la paz.

Ahora, cuando la guerrilla de las Farc ha tomado la decisión de cesar las hostilidades y ponerle fin a su lucha armada, resulta casi lógico –tras años de que calara el discurso y el proceder de la lucha partisana en el país– que sus acérrimos adversarios se plieguen a todas las formas de defensa y ataque para evitar que esta banda de guerrilleros logre firmar la paz, pues es –según sus contrincantes– la manera que tiene esta facción para ganar la guerra: cooptando el establecimiento desde dentro para escorarlo hacia los feudos, los procedimientos, las políticas y los modelos de la izquierda latinoamericana.

No es cuestión de echar la culpa a unos u otros, sino de intentar comprender por qué los enemigos de la paz quieren continuar la guerra. Ese es, a mi juicio, el mayor lastre que nos ha dejado más de media centuria enfrascados en una guerra de guerrillas: la imposibilidad de distinguir con claridad la paz de la guerra, el exacerbar la enemistad política a enemistad absoluta y el creer con firmeza que lograr la paz es, de alguna manera, continuar la guerra.

@Los_atalayas

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