Por: Pascual Gaviria

Lecciones mutuas

DURANTE LA ÚLTIMA SEMANA LOS desencuentros entre jefes del poder Ejecutivo y algunos de sus líderes políticos han hecho retumbar los edificios que flanquean la Plaza de Bolívar en Bogotá. Y han deparado algunas alegrías democráticas.

La primera discordia con consecuencias atractivas tuvo como protagonistas a Samuel Moreno y a Jaime Dussán. Las presiones burocráticas del presidente del Polo sumadas a las críticas públicas a algunos funcionarios distritales lograron que el alcalde pusiera su gobierno por encima de su partido: “Que los dirigentes del Polo se pongan tapabocas y se amarren la lengua”, fue la frase de batalla del hijo de La Capitana.

Los tristes resultados en las encuestas y la idea generalizada de que el motor de la administración no anda por exceso de mecánicos electorales, parecen haber llevado al Alcalde a pensar en un reto más allá de la política, a olvidar su papel de árbitro y domador de facciones partidistas y concentrarse en sus tareas de administrador. Es posible entonces que el alcalde careado sea capaz de dar la batalla contra la mafia de los transportadores y retar los dogmas de su partido vendiendo acciones de la ETB. Además, alguien debe haberle subrayado las fotocopias de los tratados de los politólogos modernos, donde se dice que los líderes actuales son quienes deben moldear los partidos y que la gestión es más importante que las trampas ideológicas o la invención de los programas. José Obdulio G. diría que Samuel M. ha comenzado a entender el Estado de opinión, donde la clientela se puede manejar sin necesidad de intermediarios y la ambición de los políticos se tramita al menudeo, en una simple tabla de Excel.

Pero la política exhibe siempre paradojas interesantes y la elección de mesas directivas en el Congreso demostró que el gobierno Uribe, con sus porcentajes gloriosos en las encuestas, sus computadores de Acción Social y su inteligencia superior, también puede perder frente a los desprestigiados intermediarios que encarnan los partidos. José Obdulio no deja de dictar su cátedra: “Las principales herramientas del Estado de opinión son los consejos comunales y un contacto directo con el pueblo a través de los mecanismos de participación, no necesariamente mediados por los partidos”. Sin embargo, es muy posible que un descuido en la mecánica partidista tradicional, en la organización de la sencilla fila india de Senadores y Representantes, pueda privar a su héroe político de un tercer periodo presidencial. Una encerrona de los vetustos partidos, organizada según parece durante una frívola libación social, demostró tener la fuerza suficiente para vencer al presidente Uribe y su apostolado de los sábados como sumo sacerdote de la política nacional. Así que Armando Benedetti le podrá decir a José Obdulio Gaviria que algunas decisiones claves siguen dependiendo de la trillada cartilla de los congresistas antes que de sus innovadoras teorías políticas. Y Jaime Dussán se reirá en sus cuarteles de invierno.

Las antípodas políticas se tocan en medio de sus prácticas clientelistas y su afán por extender sus dominios burocráticos, pero al mismo tiempo, sin ser muy conscientes, se dan lecciones y bofetadas edificantes. Parece que esta vez salimos bien librados: Moreno a gobernar y Uribe a descansar.

 

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