Por: Carolina Botero Cabrera

Lecturas recomendadas para las compras del Niño Dios

Al hacer la lista del Niño Dios este año quizá quiera tener en cuenta cómo el mercado aprovecha los juguetes y aplicaciones destinados a los y las más pequeñas. Si nos están moldeando el consumo debemos aprender sobre esto y entre más pronto, mejor.

El mercado de productos para niños y niñas es grande y muy especializado. Hay organizaciones, investigaciones y proyectos que se han dado a la tarea de revisar los juguetes, las aplicaciones (apps) y la forma como el consumo de tecnología afecta a menores. Esta es una buena época para tomarnos un par de minutos y mirarlos.

Mozilla, por ejemplo, con su proyecto Privacy not included tiene un catálogo de juguetes donde analiza la forma como el fabricante ha dispuesto que se manejen los datos que sin saber le damos al juguete. Veamos por ejemplo el más inocente. Es un patito de hule impermeable muy tierno que permite ponerle música al bebé. El patito tiene incluso una luz nocturna, ¡es muy lindo! De acuerdo con el análisis de Mozilla este es quizá de los juguetes efectivamente más inocentes: tan solo rastrea su ubicación. Entonces, ¿puede ser un problema? Lo que pasa es que con esa información el juguete (es decir, el fabricante) puede saber cuándo y con qué frecuencia bañas a tu bebe o lo duermes. Sin hacer especulaciones muy complejas, estos datos interesan en estudios de mercadeo.

Pero sabemos que ahora las cartas al Niño Dios también se llenan de peticiones por apps y programas para computador y consolas. Seguramente más de un papá o mamá decidirá que es mejor comprar estos productos pues ya le pasó que con las apps gratuitas termina gastando más. Es común que los responsables de estos softwares utilicen estrategias engañosas para manipular a sus usuarios —a los niños y niñas—  con premios, e incitar el consumo. Por ejemplo, a una amiga le pasó, le prestó el iPhone a su hijo de siete años para jugar Clash Royale. Dado que el teléfono tiene los datos de su tarjeta de crédito asociados, vio cómo unos US$400 servían para comprar gemas que él usaría para avanzar en el juego.

Ahora bien, comprar programas puede evitar ese inconveniente, no menor, pero en materia de datos no hace mucho más. Un estudio de la Comisión Europea, que analizó 25 juegos populares, estableció que todos los “advergames” (los que están patrocinados por publicidad), los juegos de las redes sociales y la mitad de las aplicaciones tienen anuncios, muchos de ellos contextuales. Es decir, los anuncios están dirigidos específicamente al dueño del teléfono, pues pueden perfilarlo a través del análisis que hacen de los datos que recogen con el aparato.

El problema es que los niños y niñas son mucho más susceptibles a este bombardeo. Por eso en muchos países hay controles a la publicidad dirigida a esta población y polémicas en torno a su alcance. Piensen por ejemplo en lo que estamos viendo en Colombia sobre la campaña No comas más mentiras contra la comida chatarra. Sin embargo, lo que sucede en el terreno de la informática es más invisible y está menos regulado. Disney enfrenta demandas por varios de sus productos: algunos usuarios alegan que están espiando a los y las más pequeñas.

Si quiere indagar un poco más sobre este tema le propongo: el artículo “¿Quién lleva a los niños de paseo en internet?” parte del proyecto Chupadatos de CodingRights. También recomiendo un proyecto de investigación sobre la privacidad de las apps de Android. Esta investigación analizó un millón de aplicativos para estos teléfonos y sus resultados los publicaron en el sitio PrivacyGrade Blog.

Internet es una realidad, una necesidad y una gran ventaja que está acompañada de peligros y manipulaciones. La mejor manera de aprovechar esta red al máximo es aprender sobre cómo funciona y acompañar a nuestros hijos e hijas en este camino. ¡Feliz Navidad! y buena lectura.

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