Por: Armando Montenegro

Lejos del centro

Según casi todas las encuestas, la carrera presidencial se convirtió en una competencia centrada en los dos punteros, Duque y Petro, pero, en contra de lo que esperaban numerosos observadores, no se produjo una mayor polarización, la misma que hubiera terminado por borrar a los demás candidatos.

Varios hechos explican que Iván Duque, líder indiscutible en la actualidad, hubiera dejado de subir e, incluso, en algunas mediciones, que hubiera perdido algunos puntos. (i) Se esperaba, tal como lo aconsejan los estrategas políticos, que después de ganar las primarias, contando ya con el apoyo de sectores conservadores, Duque se hubiera movido hacia el centro para buscar el apoyo de los indecisos y desertores de otras campañas. Esto no sucedió. El candidato, sorpresivamente, endureció algunos de sus planteamientos relacionados con las libertades individuales, tal vez por la presión de las facciones más duras de la derecha. (ii) Después del intenso miedo que desató el transitorio liderazgo de Petro en las encuestas, un fenómeno que sin duda impulsó la candidatura de Duque, este sentimiento de temor se moderó a partir del momento en que el candidato uribista tomó la delantera y se convirtió en el favorito. (iii) Durante las últimas semanas, el expresidente Uribe ha tenido un gran protagonismo en los medios en forma de agrias peleas, controvertidas declaraciones y acusaciones de distinta naturaleza. Esto, por supuesto, no le ha favorecido a Duque, quien, por contagio, ha perdido algo de su imagen fresca, alejada de la polarización y los conflictos de los últimos años (Iván Duque hasta ahora ha disfrutado de la cualidad que los franceses le atribuyeron en su momento al candidato Macron: lo que llamaron su “virginidad” política, fruto de la novedad de su figura joven e incontaminada de pasados conflictos políticos).

Después de reconocer que sus propuestas (como la convocatoria a una asamblea constituyente el primer día de su gobierno) alarmaron a amplios grupos de votantes, Petro ha realizado un notable esfuerzo para moderar sus posiciones públicas y emitir señales de mesura y contención con el fin de alejarse de la sombra del chavismo, un esfuerzo que seguramente le ha servido para recortarle algunos puntos a Duque. De todas formas, cuando se ha dejado llevar por el entusiasmo en las plazas públicas, se le ha zafado su bolivarianismo y ha vuelto al lenguaje provocador, como cuando propuso la venta forzada de algunas tierras amenazadas de invasiones por parte de sus seguidores (esta sí, en realidad, una copia exacta de las políticas de Hugo Chávez que arruinaron el campo venezolano).

Como resultado de estas novedades en las campañas de Duque y Petro, entre otras cosas, no se siguieron pulverizando en las encuestas los demás candidatos, quienes, de todas formas, se mantienen lejos de los punteros. Fajardo, por ejemplo, se estabilizó en porcentajes del orden del 12 % - 17 % y Vargas Lleras en cifras del 7 % - 10 %.

A pesar de que Duque y Petro siguen representando visiones opuestas del espectro ideológico, los demás candidatos todavía no han podido convencer a los votantes de que presentan una alternativa de centro, viable y atractiva. Si las cosas siguen como van, por lo tanto, parece inevitable que en la segunda vuelta sus seguidores tendrán que decidir entre las opciones encontradas, ambas, en realidad, alejadas del centro.

 

 

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