Por: Patricia Lara Salive

Lenguaje que se traduce en muertos

Esta semana Antioquia apareció sembrada de vallas con mensaje diabólico:

“Tú, ¿de qué lado estás?”, preguntaban las vallas en letras blancas resaltadas sobre un fondo azul dividido por una raya vertical que separaba las dos posibles respuestas: la una decía “víctimas” y debajo “no JEP”, y la otra decía “victimarios” y debajo “JEP”. Y más abajo, en el centro, sobre un fondo blanco, sobresalían los logotipos del Centro Democrático y de un grupo denominado los Paolos, liderado por la senadora antioqueña Paola Holguín, miembro del partido uribista, quien para denominar su grupo utiliza un nombre, los Paolos, similar a los usados por bandas armadas como los Pitufos o los Urabeños, etc.

La intención del mensaje de los Paolos no puede estar más clara: por un lado, desprestigiar la Justicia Especial para la Paz y estigmatizarla al regar el cuento mentiroso de que está hecha para beneficiar a los malos (los victimarios), y por otro, polarizar de nuevo al país y dividirlo entre el bando de los buenos y el bando de los malos.

Y quizás no hay cosa que abone más el terreno de la violencia que dividir el mundo entre buenos y malos o, lo que es lo mismo, tener una visión maniquea de la realidad y de la historia.

Así me lo explicaron durante una extensa entrevista que les hice para la revista Cambio 16 Colombia, hace más de 20 años, los doctores Otto y Paulina Kernberg, considerados entonces los expertos mundiales en las llamadas personalidades fronterizas, correspondientes a personas que son más proclives a involucrarse en la violencia. Según los doctores Kernberg, quienes han sufrido en su infancia, primero maltrato físico, luego sicológico y después sexual, tienen mayores probabilidades de ser violentos después. Pero esas posibilidades se potencian si se vive en una sociedad donde está extendida la creencia de que el mundo se divide entre buenos y malos.

Y es lógico que el maniqueísmo abone la violencia. Porque si cada cual piensa que como está con los buenos tiene el derecho y hasta el deber de proteger a los suyos de los malos, es muy fácil que decida después que, para conseguirlo, debe acabar con los malos del mundo. Entonces se enciende la chispa de la violencia y se llega a lo que Humberto de la Calle, con razón, considera en su reciente libro como algo inaceptable: que haya una violencia buena y una mala.

Pero el efecto del maniqueísmo se vuelve devastador si quienes lo practican y estimulan son los líderes de la sociedad. De ahí la pertinencia de la carta que la presidenta de la JEP, Patricia Linares, le envió al senador Álvaro Uribe, en su condición de expresidente y jefe del Centro Democrático, para solicitarle a él y, por intermedio suyo, a los miembros de su partido que cumplan el artículo 22 de la Constitución que establece que la paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento. Agrega Linares que ese deber se intensifica si se trata de funcionarios del Estado que no deben acudir a estrategias de desprestigio y agresión contra quienes tienen la difícil tarea de administrar justicia transicional. “La paz requiere de espíritus sosegados, de un lenguaje (…) sincero y conciliador”, concluye.

Pero más tardó ella en escribir la carta que Uribe en trinar que seguirá atacando la JEP y Holguín en exhibir en el Senado una sonrisita de satisfacción al reconocer que fue ella la responsable de las vallas.

¡Ojalá entiendan algún día Uribe y su bancada que su lenguaje incendiario puede traducirse en votos, pero también en muertos!

www.patricialarasalive.com, @patricialarasa

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2019-03-29T00:00:54-05:00

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2019-03-29T00:15:01-05:00

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Lenguaje que se traduce en muertos

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