Por: María Elvira Bonilla

León Valencia y sus años de guerra

HACE DOS AÑOS APARECIERON LAS memorias de León Valencia, Mis años de guerra.

Si sus detractores leyeran sin sectarismo este libro, se ahorrarían muchas horas inútiles de búsqueda a través de testimonios tardíos de desmovilizados, huellas de odio en las decisiones y acciones de León. Porque no las van a encontrar, a pesar de su participación en el conflicto armado colombiano.

Si fueran capaces de enfrentar este testimonio de vida antes de atacar a ciegas, encontrarían en él un aporte a la comprensión de esta degradada guerra. Son tan viejos los ataques de Álvaro Uribe contra él, que estas memorias nacieron, hace ya tres años, precisamente de la necesidad de darle una respuesta responsable y contundente al pedido que le hiciera el entonces presidente, con sabor a rabia y retaliación, de contar la verdad sobre su vida de guerrillero y miembro de la dirección nacional del Eln. Lo desafió a explicar ese capítulo de su vida en el mismo momento en que se hacían públicos los resultados de los primeros estudios de la Corporación Arco Iris, presidida por León Valencia, sobre el fenómeno de la parapolítica. Se iniciaba entonces el destape de ese perverso vínculo entre política y delincuencia, que ha mandado a la cárcel a más de un parlamentario o político regional, muchos de los cuales formaron parte de la coalición que llevó a Uribe al poder en  2002 y que luego permitiría su reelección en 2006. Ni Uribe ni José Obdulio ni los sectores sociales involucrados le han perdonado a León Valencia esas revelaciones.

Los anónimos y las amenazas obligaron a Valencia en 2008 a un exilio forzado, que aprovechó para escribir el testimonio de sus años de guerra hasta la firma de la paz en el gobierno de César Gaviria. Con crudeza describe muchos de esos momentos en los que la guerra lleva, como él dice, al azaroso olvido de la condición humana, pero también otros, llenos de humanidad. Son 25 años de historia de Colombia, desde finales de los años 60 hasta los 90, vistos desde la otra orilla, la de la subversión contra lo establecido. Desde la perspectiva que dan el sudor y la tenacidad de los campesinos del suroeste de Antioquia, de los Montes de María y de las sabanas de Sucre. Desde las sotanas radicalizadas de los sacerdotes seguidores de la Teología de la Liberación que clamaban justicia con los desfavorecidos, compromiso con la “opción de los pobres” en asocio con muchachos idealistas, como fue el caso de Valencia. Un relato que da cuenta de los debates cruciales dentro del movimiento guerrillero y las consecuencias de equivocaciones dramáticas como la de la combinación de las formas de lucha, degradada por el poder corruptor del narcotráfico.

Si lo que insisten en buscar Uribe y José Obdulio es deslegitimar el trabajo académico y de construcción de opinión adelantado por León y la Fundación Arco Iris, con el expediente de enrostrarle su pasado guerrillero, la simple lectura de Mis años de guerra, evidencia la falacia de sus argumentos. Falta, eso sí, que Álvaro Uribe y José Obdulio hagan lo propio con su pasado, antes de conseguir el poder presidencial, en el conflicto colombiano. Un ejercicio de verdad, que mucho le serviría al país.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de María Elvira Bonilla

Una reflexión, un adiós

La cruzada contra el mal

Lobos solitarios

La ciudad del encuentro

El derrumbe de la dirigencia