Por: Antonio Casale

Leonardo Castro

Leonardo Castro tiene 20 años pasados, hace tres llegó a Millonarios, el club de sus amores, cargado de ilusiones goleadoras.

Soñaba con emular las gestas de sus ídolos de infancia y en un principio las cosas pintaban muy bien. Debutó en una tarde caliente enfrentando al Atlético Huila en la ciudad de Neiva cumpliendo la norma sub 19 que exigía el reglamento del torneo.

En el equipo azul marcó algunos goles y participó de pocos partidos, mostrando cosas interesantes en su rendimiento. Como sucede con todos los jóvenes, mostraba unas actuaciones buenas y otras por mejorar. Lo cierto es que el reconocido médico Santiago Rojas le hizo un trabajo individual en lo concerniente a su parte mental, alimentaria y de salud con miras a ayudarlo en su formación. Millonarios ponía los ojos en él como la esperanza goleadora del futuro.

Pasaron los meses, no lo volvieron a poner y el buen Leonardo Castro, aburrido por eso y por la falta de pagos en el otrora equipo embajador, se fue a buscar mejores caminos. En La Equidad lo recibieron con buenos ojos, conocedores de que el trabajo sucio ya estaba hecho.

Hoy, Castro es tal vez uno de los jugadores más importantes del equipo más serio que hay en Bogotá. Tiene gol, se mueve bien, es fuerte física y mentalmente y es líder positivo dentro del grupo. El técnico Alexis García lo tiene referenciado como un jugador imprescindible en su formación.

Bien por Castro, y como siempre, mal por Millonarios. Es interminable la lista de Castros, Valderramas, Castillos, Villagras, Preciados, Rodríguez y demás jugadores que han pasado por el equipo azul sin pena ni gloria y después han terminado siendo figuras vistiendo otras camisetas. Sencillamente es otra muestra de que en Millonarios, las cosas se hacen inversamente proporcionales a lo que sus hinchas le profesan a la institución.

 

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