Por: Columnista invitado

Leones y leonas

¿Seremos una sociedad incapaz de respetar a nuestros niños y niñas? En el Caquetá fueron masacrados cuatro chiquitos inocentes.

Y en todas las zonas en conflicto del país, ambos bandos de la guerra los reclutan, los mutilan con minas antipersonas, los usan como informantes o como transportes humanos de municiones y armas. Y por eso, para que la dignidad y los derechos de los niños se respeten, finalizar el conflicto armado lo antes posible es imperativo.

Pero no hay que ir tan lejos. ¿Alguna pandilla utiliza niños para sus fines en las puertas de su colegio? ¿Le ha tocado ver que una familia decida llevarse un niño a trabajar? La mendicidad y la explotación nos siguen asaltando todos los días.

Los educadores asumen a diario roles de apoyo a las autoridades de protección a la infancia. Y eso está muy bien. No son sólo tareas del ICBF o de Integración Social.

Y si nos indignamos por lo que pasa en el Caquetá, tenemos que aceptar incluso que dentro de nuestros colegios vemos acoso y violencia. Y denunciarlos. Acoso e intimidación física y psicológica de unos chicos a otros. Y casos registrados en la oficina de control disciplinario de la SED (aunque no todos se denuncian), de acoso de docentes a chicos y chicas. Casos de acoso sexual cuando un profesor enamora a una estudiante. Casos de presión académica o por considerar inapropiada una conducta moral u orientación sexual, que terminan llevando chicos a desertar de la escuela.

Nadie cuida tanto a la infancia de Bogotá como los docentes. Todo el tiempo vemos actos enternecedores, valientes y comprometidos de nuestras maestras y maestros, orientadoras y directivos docentes, para quitarles chicos a los bandidos y para hacer que las familias no los maltraten. Y nos toca mantener esa actitud protectora. Sólo habrá paz en este país si los docentes actúan como leones y leonas en defensa de los niños a su cargo.

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