Por: Cartas de los lectores

Letra muerta

Nunca en mi país había existido un acuerdo tan unánime como el presentado por todos los frentes políticos con respecto a la urgente necesidad de acabar con la corrupción. Todos están de acuerdo en que uno de los problemas más grandes por los cuales atraviesa nuestra nación es la corrupción, que ha penetrado todos los estamentos de nuestra patria; de eso nadie se escapa y allí se incluye a los políticos, al sector público (nacional, departamental y municipal), al sector privado y a muchos particulares que se prestan para comprar conciencias, saltarse turnos y otras fechorías, como la de comprar a las autoridades.

Por más de ocho meses este tema fue anunciado al pueblo colombiano como una de las prioridades que debería adelantar el Congreso de la República, aplicando sanciones ejemplares y haciendo que quienes habían tomado para sus bolsillos el dinero de los colombianos lo devolvieran, adicionando a la sanción económica la sanción carcelaria y evitando que estos malhechores fueran impedidos de ocupar de por vida, o al menos por un tiempo, cargos públicos o de ser contratados, en el caso de los particulares.

A pesar de los anuncios a los cuatro vientos sobre esta prioridad, ha pasado casi un año y no es posible que lo que creíamos prioritario en el pasado hoy sea letra muerta y no haber logrado que los encargados de esta urgente tarea la hicieran con la calidad y velocidad que merecía el tema. Lamentablemente fueron muchos los tropiezos que se presentaron y los cambios en el orden del día denunciados oportunamente por la comunidad, que se hicieron frecuentes hasta volverse una costumbre con un pésimo ejemplo para los colombianos.

Esta oportunidad que tuvieron nuestros representantes la perdieron. Lejos de salir orgullosos de su tarea, salen por la puerta de atrás con el rabo entre las piernas. Qué tristeza que los representantes de los colombianos no cumplan su palabra y siembren de malas costumbres los recintos del Congreso. Temas como este, que llaman la atención por la urgencia, no se aprobaron y, lo más importante, se perdió el trabajo de unión de todas las fuerzas políticas en busca de crear en el país ambientes de sanas costumbres.

Esta es otra pérdida que los responsables, como representantes del pueblo colombiano, no cumplieron y, además de no cumplir, dejan la impresión de que las trampas y los cambios que se dan favorecen a las personas malintencionadas que muy poco o nada les interesa la suerte de los ciudadanos. Lo único que les ha importado y les importa es su beneficio personal y olvidan que su juramento de posesión (“si no, él y ella os lo demanden”) nada tiene que ver con sus actuaciones.

Marco Fidel Rocha Rodríguez

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