Por: Rafael Orduz

Ley Lleras o el error de ignorar a los usuarios

LA APROBACIÓN DE PROYECTOS LEgislativos a pupitrazo limpio, sin consultar a los interesados, es difícil. Lo demuestran el anteproyecto de reforma a la educación superior y el proyecto para la defensa de los derechos de autor en internet o "Ley Lleras".

En el caso de la educación superior, actores cruciales fueron ignorados. “No se atendió la solicitud de los rectores de participar en la elaboración del articulado” (J. F. Isaza, U. Tadeo Lozano, El Espectador 6-4-11). “Negocio no es sinónimo de calidad” (Padre J. Sánchez, U. Javeriana,  10-4-11).

Con la “Ley Lleras” (que no es ley sino proyecto) está ocurriendo algo que puede dar la clave para entender su posible inefectividad y las eventuales injusticias en que se incurriría en caso de ser aprobada. Ocurre que el debate sobre el proyecto se está dando en la red. En vez de manifestaciones con pancartas, son usuarios utilizando Facebook, Twitter y los blogs para opinar.

Aunque el propósito consiste en la protección de los derechos de autor (¿Cómo estar en contra de la  protección de los derechos de un compositor? ¿Los del autor de un curso, digamos de yoga, que alguien “baja” de la red y distribuye lucrándose?), el remedio consistirá en que los proveedores del servicio de internet tendrían la obligación de actuar como una especie de “parapolicía” de internet a solicitud de quienes consideren vulnerados sus derechos de autor, retirando los contenidos en cuestión. Amén de las penas para los infractores, superiores a las que cada niño Nule recibirá.

El escenario del proyecto “Ley Lleras” es la gran red de redes, internet. Es  un ecosistema que se sustenta en varios componentes: conectividad (redes), dispositivos (PC, portátiles, celulares inteligentes, IPad y otros), aplicaciones (software de distintos usos), contenidos (una canción, un curso en línea) y, sobre todo, los usuarios.

Los usuarios tienen el poder en la red. Facebook es el tercer país del mundo, con 550 millones de “habitantes”. 12 millones de colombianos tienen cuenta allí. Un gringo común derrumbó la acción de Dell hace pocos años al crear un blog quejándose del mal servicio, obligando a la compañía a enmendar. Sin los  participantes en las redes sociales, Mubarak estaría gobernando aún.

Qué paradoja. Los tres plagios famosos de 2011 fueron descubiertos por internautas. El ministro de Defensa alemán Zu Guttenberg, que fusiló su tesis doctoral (renunció en marzo pasado); la periodista Horwitz del Washington Post, que plagió un artículo sobre la masacre de Arizona (sancionada también en marzo), y el vástago de Gadafi, que copió parte de su tesis doctoral para el London School of Economics, que tendrá que anularla.

La Ley Lleras, de la línea de la Sinde española, la Hadopi francesa y, en general, del acuerdo ACTA, puede convertirse en un saludo a la bandera que terminará castigando a internautas comunes. Quizás un trabajo serio en materia de cultura de respeto a los derechos de autor sea más eficiente.

 

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