Por: Armando Montenegro

Leyendo las encuestas

Cuando se analizan las encuestas recientes de Gallup y Datexco, no en cuanto a la favorabilidad o desfavorabilidad de los precandidatos, sino en sus capítulos sobre la percepción de los colombianos acerca de las instituciones y los principales problemas del país, salen a flote varias conclusiones:

(i) Se ratifica el hecho de que los colombianos son bastante tradicionalistas, valoran el orden y la empresa privada. Por ello, las instituciones con mayores índices de favorabilidad son las fuerzas militares, la Iglesia Católica, el Banco de la República, Estados Unidos e, incluso, la clase empresarial.

(ii) Por esta misma razón, los encuestados desaprueban elocuentemente la corrupción y los malos manejos de las altas cortes y del sistema judicial. En su opinión, este sistema tiene una altísima desfavorabilidad, semejante incluso a la de los políticos y solo algo mejor que la de las Farc.

(iii) Como en otros estudios, los colombianos manifiestan que tienen una pésima opinión de los políticos profesionales. Entre los organismos más desprestigiados se sitúan la clase política, el Congreso y los partidos tradicionales.

(iv) Tienen el peor concepto de Nicolás Maduro y la Venezuela bolivariana, y esta percepción se ha extendido, en alguna medida, a los políticos colombianos asociados con ella. El personaje con la mayor desfavorabilidad en la encuesta de Gallup es Nicolás Maduro (94 %) y la de Venezuela es del 96 %. Y, entre sus viejos amigos a este lado de la frontera, la desfavorabildad de Piedad Córdoba es del 65 % y la de Gustavo Petro del 46 %.

(v)Los problemas más sentidos por los colombianos son la calidad (no la cobertura) de la salud, el empleo, la corrupción y la inseguridad ciudadana. Los temas del conflicto, como era de esperar, han salido de la lista de las principales preocupaciones de los encuestados.

Cuando los precandidatos y sus asesores, sobre todo los que vienen de centroizquierda, estudian estas encuestas, seguramente concluyen que, para mantenerse cerca de la mayoría de los votantes, deben respaldar a las instituciones más valoradas por los colombianos. Tienen que aceptar también que, en lo posible, deben alejarse de los políticos y los partidos tradicionales y formar coaliciones amplias con distintos sectores sociales. Y, asimismo, deben diseñar programas que respondan a las necesidades más sentidas de la población, entre ellas la lucha contra la corrupción.

No debe ser una coincidencia que algunas decisiones recientes de los precandidatos siguen precisamente estas orientaciones. Entre ellas, su determinación de ir por firmas y no con el aval de sus desprestigiados partidos; el movimiento de algunos de ellos de mantenerse en el centro político y evitar los extremos; y la decisión de la mayoría de los candidatos de poner la lucha contra la corrupción en el centro de sus campañas, junto con propuestas que tratan de responder a las inquietudes de la población sobre la salud y la educación.

La información de estas encuestas también podría explicar por qué los candidatos cercanos al chavismo, íntimos de Maduro y sus secuaces, han hecho esfuerzos cosméticos por desmarcarse de sus amigos, los líderes de la martirizada Venezuela bolivariana. Eso sí, no han renunciado al camino de Chávez y Maduro para dominar los poderes del Estado: la Asamblea Constituyente.

 

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