Por: Manuel Drezner

Leyes para la cultura

El Ministerio de Cultura ha anunciado la radicación, ante los cuerpos legislativos, de un cuarteto de leyes para fomento de diferentes actividades.

Claro que es laudable que se trate de crear incentivos, pero la realidad es que, viendo lo que se ha propuesto, uno se pregunta si esas leyes van a crear incentivos donde se necesitan, es decir, las leyes propuestas no atacan cantidad de problemas culturales existentes y que necesitan de la ayuda del Estado.

Se propone fomentar la actividad cinematográfica en Colombia, pero no sólo para los cineastas nacionales, sino también para los extranjeros. Entonces, por ejemplo, se propone una devolución del 40% del valor de los gastos realizados en el país por concepto de servicios cinematográficos y, curiosamente, la devolución del 20% de los gastos de hotelería y alimentación. Pero nada se dice de ayudas para crear los servicios cinematográficos por colombianos, los laboratorios y estudios de sonido que se necesitan, de manera que aquí lo que se fomenta es que los extranjeros vengan con su equipo y de lo que gasten en usarlo les devuelven el 40%. O se pueden ir a los hoteles más lujosos, y comer todos los días caviar y langosta, y les devuelven el 20% de lo gastado. No sé por qué, pero la idea suena a que lo que se fomenta es una vida lujosa y no el cine.

Además, hay un proyecto sobre las artes escénicas donde, como cosa positiva, se racionalizan los trámites para espectáculos y se reduce la carga tributaria; así se dan alicientes para que se puedan traer al país las divas más extravagantes que uno se imagine, pero la necesaria ayuda a grupos de teatro nacionales no aparece por ninguna parte.

Se busca igualmente recuperar el patrimonio arqueológico en manos de particulares, lo cual está bien; pero si la ley cursa, los particulares con patrimonio arqueológico con seguridad lo sacarán del país para no estar expuestos a una posible expropiación.

Hay, finalmente, un proyecto sobre lo que llaman el ‘patrimonio cultural sumergido’, que consiste en los restos de naufragios que tengan bienes culturales. Pero quienes se dedican a buscar naves naufragadas no lo hacen por los bienes culturales, sino por sus tesoros. De hecho, lo más probable es que esas naves, aparte de las riquezas, no tengan ningún bien cultural. Todo lo que se comenta indica que hay muy buenas intenciones y que al menos se está recordando que la cultura existe, pero los proyectos de ley no solucionan ningún problema mayor de la cultura.

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