Por: Catalina Uribe

Liberada por ser madre

La semana pasada circuló la historia de Chloe Ayling, una modelo británica secuestrada para ser subastada por internet. Según algunas investigaciones, los captores planeaban traficarla en el Medio Oriente, pero decidieron liberarla al enterarse de que la joven tenía un hijo. Al parecer, las reglas de la organización criminal “La muerte negra” prohíben secuestrar madres.

Es curioso, pero no inusual, que una organización tan atroz muestre un pequeño rastro de humanidad en relación con la maternidad. Digo “no inusual” porque ser madre tiene una serie de protecciones. En las películas es recurrente ver a las mujeres suplicar por su vida aludiendo a sus hijos. También los medios hacen énfasis en la gravedad de cualquier asesinato cuando la víctima es madre. Y, en general, se considera que el daño que se le hace a una mamá se multiplica por el número de quienes de ella dependen.

Aunque el asunto no es sólo práctico. Hay una cierta dignidad intrínseca en la maternidad. Se trata de una especie de realización especial de la mujer y la sociedad. Hace unos días mi gato se enfermó y el veterinario recomendó darle comida para bebés. Fui al supermercado y llené mi canasta con un par de compotas y sopitas. Mientras iba caminando hacia la caja varias personas miraron mi compra y me sonrieron con cara de aprobación y ternura. Una señora que estaba detrás de mí en la fila me dijo: “Estás pasando por el mejor momento de tu vida”. Como no soy madre esta experiencia me desorientó, y contrastó con otras idas al supermercado en donde el mundo me mira con indiferencia.

Ya algunos políticos han denunciado la incapacidad de hacer políticas públicas orientadas hacia el embarazo adolescente porque muchas mujeres siguen creyendo que el embarazo es el medio para lograr estatus y madurez. Un amigo médico me contó de una paciente que a los 19 años quedó embarazada tras una violación. La madre de la víctima le comentó: “Igual ya era hora. Le iba cogiendo la noche para ser mamá”. Sin duda hay un momento magnífico de vulnerabilidad y grandeza en la maternidad. Es la forma en la que los humanos decidimos afianzarnos a la vida. Pero lo que da vida no puede convertirse en la muerte de la individualidad de las mujeres, su obligación y, mucho menos, su medida de valor.

 

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