Por: Daniel Mera Villamizar

¿Liberal y Cambio Radical cambiarían de independientes a de gobierno?

El Estatuto de la Oposición lo permite por una sola vez durante el periodo.

La respuesta fácil es que depende del presidente Duque. La menos obvia es que alguien debe liderar el centro político para conjurar el riesgo de caer en el populismo en el 2022, como México o peor. Si el presidente Duque no se anima a hacerlo, alguien más puede intentarlo.

En esencia, estamos como cuando Petro ganó la Alcaldía de Bogotá: las fuerzas prosistema abriéndole el camino con su división.

Es probable que se esté usando un diagnóstico equivocado: que la alineación debe darse en torno al Acuerdo con las Farc, cuando la cuestión crucial es reforma prosistema versus populismo antisistema ante el malestar del electorado.

Hay una parte importante de la clase dirigente que no está escuchando la música del Titanic: Odebrecht, el caso del exfiscal Martínez, la financiación ilegal de Santos en 2014, la corrupción de la Unidad Nacional, el hundimiento de los proyectos anticorrupción. El descrédito y la rabia serán capitalizados en 2022.

A caballo de la indignación ciudadana irá el populismo económico y social. La “educación superior gratuita, de calidad y universal”, el abandono del petróleo sin tenerle sustituto, el desarrollo rural basado en el minifundio, la estatización, los derechos y subsidios sin responsabilidad fiscal, todo aquello que sabemos no funcionará y nos arruinaría. 

Alguna vez dijo Fabio Valencia Cossio: “O cambiamos o nos cambian”. Se entendió que se refería a las caras en los carros oficiales, a las élites. Hoy estamos ante un “o reformamos el sistema o nos cambian el sistema”, pero el centro político sigue despreocupado y dividido.

Ciertamente, el Partido Liberal se ha corrido bastante hacia la izquierda; sin embargo, sigue siendo parte del centro junto con Cambio Radical y el Partido de la U. ¿Qué ganan el Liberal y Cambio Radical como independientes del Gobierno? Aparentemente, que no los asocien con el desempeño o aceptación del gobierno Duque.

Pero eso servirá de muy poco en la verdadera batalla de 2022: los adalides de la indignación y el populismo los pondrán en el mismo lado de enemigos a derrotar.

Más ganarían si la alianza legislativa entre Liberal, Cambio Radical y la U, en vez de pretender no contar con el gobierno y los partidos de gobierno, se suma al gobierno para una agenda ambiciosa de reformas que evite que “nos cambien el sistema”. 

Dirán que no se van a regalar al gobierno, que no les ofrece participación en la responsabilidad política. Habría que recordarles que al menos participación burocrática sí tienen en el nivel regional porque no se las han quitado.

O pueden hacer la alianza de intercambios legislativos programáticos con el Centro Democrático, el Partido Conservador, Mira y Colombia Justa Libres, y semanalmente reunirse los voceros de los partidos para decidir la agenda, a donde concurriría el gobierno.

Los “intercambios legislativos programáticos” consistirían en que cada partido recibe apoyo para un gran proyecto a cambio de apoyar los demás proyectos que acuerden los voceros, por rondas. El Centro Democrático podría ceder al gobierno la garantía de aprobación del número de proyectos que le corresponda.

Así, se pasaría de cierta ansiedad por los nuevos presidentes de Senado (Liberal) y de Cámara (Cambio Radical), y de la sensación de estar inmersos en una política frustrante, a un nuevo aire de política productiva con gobernabilidad en el Congreso.

De ahí podrían salir nuevos liderazgos para el centro político, a la izquierda y a la derecha, y las reformas necesarias pro-sistema, o no, y entonces sería bastante más difícil discutirle al populismo anti-sistema.

@DanielMeraV

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