Libertad y orden

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A muchos colombianos se les ha olvidado la frase inscrita en nuestro escudo nacional: “Libertad y orden”. Pues en este país todos tenemos libertades, pero olvidamos —cuando nos conviene— que tenemos obligaciones, por ejemplo, marchar y protestar pero dentro del marco de la ley, es decir, de manera pacífica.

Traigo esto a colación para referirme al paro convocado por algunas organizaciones para este jueves 21. Los organizadores han dicho que protestan en contra de lo que ellos llaman “el paquetazo”, es decir, unas supuestas leyes que, según ellos, ha tramitado el Gobierno. Digo supuestas porque las tales reformas al sistema laboral, al sistema pensional, al presupuesto de la educación superior, entre otras, no están siendo estudiadas en el Congreso.

La Constitución garantiza el derecho a reunión, a protestar, a marchar. Y así debe ser en un Estado de derecho. Pero, precisamente en ese mismo Estado, “las autoridades de la República están instituidas para proteger a todas las personas residentes en Colombia, en su vida, honra, bienes, creencias y demás derechos y libertades, y para asegurar el cumplimiento de los deberes sociales del Estado y de los particulares”.

Todo derecho tiene correlativamente una obligación. Quienes salgan a protestar el jueves deben hacerlo de manera pacífica. Y muchos han dicho que así será, pero lo grave es que, como en todas las últimas marchas, aparecen los mal llamados vándalos, que sin duda son criminales.

Por eso el Gobierno debe ser muy claro en decir sin titubeos que las autoridades acompañarán a los que marchen en forma pacífica, pero serán implacables con quienes destruyan bienes ajenos. A ellos les debe caer todo el peso de la ley, judicializarlos, procesarlos y condenarlos. ¡Punto!

Es legítimo marchar en contra del Gobierno. Recuerdo, por ejemplo, la marcha en contra del entonces presidente Alfonso López Michelsen, el 14 de septiembre de 1977. Fueron dos días de protestas violentas, de saqueos, de destrucción de bienes públicos que acabaron con cerca de 33 muertos y miles de detenidos que fueron llevados en Bogotá a la plaza de toros, para después ser judicializados. En ese momento el presidente tuvo que ejercer su autoridad, como debe ser.

Frente a este paro, el 21 le corresponde al presidente hacer lo mismo, sin temores ni dudas. Todo aquel que delinca durante las marchas y protestas en el paro debe ser detenido sin vacilaciones. Quienes no saldremos a marchar, que seremos muchos más de los que lo harán, tenemos derecho a que también se nos garanticen nuestros derechos.

En buena hora tenemos un presidente demócrata a quien, estoy seguro, no le temblará la mano. Igualmente me da toda la tranquilidad que al frente del Ministerio del Interior haya también una mujer de creencias liberales, pero suficientemente preparada y con toda la experiencia, como la doctora Nancy Patricia Gutiérrez.

Ojalá no haya hechos que lamentar el próximo jueves, pero me temo que desafortunadamente no será así.

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