Por: Antonio Casale

Libertadores o el fútbol de barrio

Es cierto, lo que se ve en la Champions es lo más cercano a la perfección en materia futbolera. Allá están, sin duda, los mejores exponentes de este deporte. Los campos en los que se juega son impecables, los partidos comienzan siempre a la hora indicada, los jugadores no pierden tiempo, el equipo que va ganando normalmente sigue buscando otro gol, las producciones de televisión son espectaculares. Pero las imperfecciones de la Copa Libertadores llevan consigo una magia única.

En nuestro continente, los equipos cambian sus nóminas cada seis meses porque los mejores se van a Europa, o a México cuando hacen una temporada apenas aceptable. En consecuencia, las escuadras están llenas de jugadores jóvenes y complementadas por veteranos de mil batallas. Los primeros se juegan el futuro suyo y de sus familias en cada minuto, porque saben que una buena actuación les puede garantizar lograrlo. Los segundos encuentran en el ocaso la motivación de saber que se juegan sus últimos cartuchos en el fútbol. Ellos ya saben que los tiempos de saltar a la cancha y oír a la gente corear su nombre se van a acabar pronto y esa sensación es única e irrepetible. Sin embargo, su aporte es distinto al de los jóvenes. Ellos corren, los veteranos piensan y el ritmo con el que se juega por estos lares todavía permite pensar para crear. Eso es magia.

Es así como por los vetustos pero reparados campos suramericanos vemos desfilar figuras del fútbol de otros tiempos, como Graffitte, Buonanote, el Tanque Silva, Macnelly Torres, Ómar Pérez, Verón y Lucho González. Pero también podemos ver la plenitud de Paolo Guerrero y Juan Fernando Quintero, entre otros. Lo anterior para no hablar de las muchas promesas cuyo talento podemos disfrutar por acá ahora, porque pronto se irán.

En Suramérica, las diferencias no están tan marcadas como en Europa, en donde uno de antemano sabe que el título se lo disputan los mismos de siempre. Aquí hay agradables sorpresas, como la victoria de esta semana del Barcelona ecuatoriano sobre Botafogo en Brasil. No saber el final del cuento siempre será emocionante.

El fútbol es el deporte más querido en el mundo porque es cercano a la gente. Todos lo entendemos, todos lo podemos jugar; de hecho, lo jugamos en el barrio y nos jugamos la vida en cada juego. La Copa Libertadores es lo más cercano al fútbol de barrio que queda. El máximo torneo de clubes suramericano guarda y guardará lo que nos define como sociedad, el resultado de esa mezcla de la necesidad diaria de luchar con la alegría de vivir.

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