Por: Carolina Botero Cabrera

¿Libre o gratis?

El escritor Jorge Franco olvidó un matiz importante a la hora de abordar los retos de los avances tecnológicos en su escrito del domingo en El Espectador: la diferencia entre “libre” y “gratis”.

Aunque los avances tecnológicos han disminuido los costos de producción de contenidos, éstos existen, pueden incluso mantenerse o incrementarse. En cambio, el costo de copiar sí cayó sustancialmente y tiende a cero. Así, los modelos de negocio que soportan el costo de producir en vender copias lo tienen cada vez más difícil, se enfrentan a un entorno que algunos economistas llaman de “abundancia”, en el que la barrera legal (criminalizar y prohibir con consecuencias legales) es prácticamente la única que subsiste.

Lo libre reconoce esta realidad tecnológica y “libera” usos masivos que difícilmente puede controlar (como copia privada). Se concentra en capitalizar los que generan los ingresos en su modelo. Así, el impacto positivo de la copia en la educación o en la formación personal se potencia, pues la copia privada (extendida a sin ánimo de lucro), por ejemplo, es vista como promoción. Pero no es cierto que sea “gratis”, pues no excluye generar ingresos, lo que hace es concentrarse en su estrategia: reconocimiento de autoría para reputación, limitación del uso comercial, de modificación, o la obligación de publicar cambios para uso por todos, etc. El uso que se controla se hace respetar con apoyo de la ley, del derecho de autor, pero no son todos los usos, son algunos.

Lo “libre” convive con una sociedad que respeta a sus autores y crea un entorno favorable para que puedan generar ingresos de su actividad, pero propone buscar una sociedad con un ecosistema de producción cultural que permite la amplia circulación de esa producción, con vasos comunicantes entre diferentes sectores, que no privilegia un modelo de industria por sobre los demás aspectos sociales. El derecho de autor está pensado como modelo libre, existen excepciones y limitaciones y existe dominio público, sólo que el modelo industrial los ha olvidado y cree que los usos gratis son una forma de regalar o de robar, prefiere criminalizar y no potenciar.

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