Por: Antonio Casale

'Libro azul'

En tiempos en que Florentino Pérez comenzaba su primer período como presidente del Real Madrid, a comienzos de este siglo, se fijaron dos objetivos para recuperar el calificativo de “mejor equipo del mundo”, que ya por esos años se empezaba a refundir.

Devolverle a la institución el sello característico de un equipo que tenía un estilo propio, enmarcado en una escala de valores éticos inconfundible, y dotar a la plantilla con los mejores jugadores.

Lo segundo, que hoy en día es lo primero y único, lo logró usando una poderosa chequera. Fue así como llegaron al equipo jugadores de la talla de Figo, Ronaldo, Zidane y Beckham. En cambio, lograr lo primero requería de algo más que dinero y lo relata Jorge Valdano en su libro Los once poderes del líder, infaltable en la mesa de noche de los humanistas del fútbol.

Cuenta Valdano que ellos querían, como es obvio, que los jugadores fueran los primeros en convencerse de que los valores madridistas tenían que rescatarse. Por tal razón imprimieron para ellos el Libro azul, una especie de folleto que incluía apartes de la historia y cuestiones prácticas de la realidad del club. Valdano transcribe en su obra el texto que cerraba dicho folleto, que no es otra cosa que una declaración de principios de lo que debe ser un equipo en cualquier campo de la vida.

Dice el texto que la hinchada está dispuesta a perdonarlo todo menos la falta de entrega. Resalta la solidaridad, la responsabilidad y la perseverancia como principales requisitos. Más adelante reseña que el vestuario es sagrado y sus secretos se deben guardar por respeto a los compañeros y al club. Dice que, por el principio de lealtad, el puesto de titular se gana en los entrenamientos y en los partidos, no en los medios de comunicación. Que el nombre del Real Madrid siempre ha estado acompañado de la palabra “señorío” y que, en consecuencia, el escándalo no puede hacer parte de ningún integrante del equipo, ni dentro ni fuera del campo. Por ello, el respeto a los compañeros, a las opiniones adversas y a los rivales son obligatorios.

Pues bien, el planeta se enamoró de aquel equipo denominado los Galácticos, no sólo por la constelación de estrellas que lo conformaban, sino por el esencial sello que transmitía como colectivo, que no era otra cosa que el cumplimiento de la escala de valores propuesta. Lo ganaron todo, pero el resultado fue sólo la consecuencia de lo anterior.

Es evidente que el Libro azul no es parte de la nueva administración de Florentino Pérez. El Real Madrid de hoy es un cúmulo de egos individuales inflados por el derroche de los millones. Allí se sienten ofendidos cuando el presidente de la FIFA, en una actuación políticamente incorrecta pero al fin y al cabo insignificante, dice que prefiere al bonachón Messi que al comandante Cristiano, quien además, dijo, gasta más dinero en peluquería que el argentino. Sin embargo, no se ponen rojos a la hora de burlarse en la cara de un planeta cada vez más desigual, gastando cien millones de euros en la contratación de un solo humano, como lo es Gareth Bale. Valdría la pena que en el Madrid, como en el mundo del fútbol y el de la vida en general, desempolvaran el Libro azul.

 

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