Por: Gustavo Páez Escobar

Libro sobre las guerrillas

Durante el tiempo que el general Álvaro Valencia Tovar permaneció en servicio activo, se distinguió por ser el mayor estratega de los combates contra los grupos subversivos que perturban la tranquilidad pública a partir de los años 50 del siglo pasado. Por esos episodios fue considerado como el mejor experto contraguerrillero del Ejército.

En el libro “Mis adversarios guerrilleros”, que el general Valencia acaba de  publicar, hace memoria de sus acciones bélicas contra varios líderes insurgentes que han sido protagonistas de sonados sucesos de la violencia colombiana, como los siguientes: el capitán Venganza, el médico Tulio Bayer, Tirofijo, Mayor Ciro, Jacobo Arenas, Jaime Arenas, Fabio Vásquez, el cura Camilo Torres.

Abriendo la obra, anota el autor que a tales personajes les da el título de adversarios, y no de enemigos, en razón de las circunstancias de diálogo y cordialidad, y en ciertos casos, de entendimiento en medio de la guerra, que gobernaron sus relaciones con los cabecillas de la rebelión. En todos los episodios en que actuó, buscó el acercamiento con los levantados en armas, casi siempre con resultados favorables que encauzaron la protesta guerrillera con elementos de persuasión. 

No era fácil que el alto militar practicara medidas personales contrarias a las directrices trazadas por los mandos superiores. Aun así, luchaba por tender  “puentes de entendimiento y comprensión”. Así se ganó muchas voluntades entre los guerrilleros, y también muchos sinsabores de la cúpula militar. A la larga, acciones suyas que habían sido criticadas, dejaron ver su lado positivo.

Puede pensarse que el general Valencia Tovar ha sido el militar más humanista en el arte de la guerra que ha tenido el Ejército colombiano. Producto todo de una formación a la vez intelectual y militar. Eso era lo que quería don Quijote cuando predicaba sobre las armas y las letras.

El espíritu patriótico del general lo llevó a escribir una obra de excelente concepción, “El ser guerrero del Libertador” (editado por el Instituto Colombiano de Cultura en 1980), libro que hizo fotocopiar la guerrilla para adoptarlo como texto de estudio para las Farc. Y obsequió un ejemplar al mismo autor de la obra, con dedicatoria de Jacobo Arenas, el ideólogo del movimiento subversivo. Dicha publicación selvática llevaba esta anotación en la cubierta plastificada: “Edición especial – Montañas de Colombia 1990 – FARC – EP.  

El médico Tulio Bayer, levantando en armas en el Vichada, fue capturado por tropas de Valencia Tovar. Luego, éste tuvo con el subversivo una entrevista en la guarnición de Apiay, donde había quedado preso. Ya sabía el militar que el médico rebelde era intelectual y escritor. A partir de entonces, situado cada cual en su área ideológica, se inició entre ellos una cordial relación epistolar, que se prolongó hasta los días del refugio político de Bayer en París. En la novela Uisheda, Valencia Tovar dibuja la controvertida personalidad del médico idealista, gran luchador de las clases desvalidas.

En reportaje de El Tiempo, del 15 de marzo pasado, al preguntarle el periodista cuál de los adversarios del libro recuerda como un personaje especial, dice Valencia Tovar: “Yo creo que el médico Tulio Bayer, quien fue mi contendor en el Vichada, es quien mejor personifica lo del adversario respetuoso y respetable del derecho de gentes. Tuvimos al principio un enfrentamiento muy duro, pero busqué aproximarme a él por el lado de su profesión médica, para hacerle ver la contradicción que existía entre un hombre de armas empeñado en hacer la paz por las buenas y un médico que debe ser un salvador de vidas…”

El golpe espiritual más duro que recibió el general en su desempeño contraguerrillero es el relacionado con la muerte de Camilo Torres, su amigo personal desde la infancia, por tropas de la Quinta Brigada bajo su mando. Él no sabía que Camilo estaba en el monte y en su jurisdicción, y al caer en el combate, se sintió desgarrado en sus fibras más íntimas. Situados ahora en campos opuestos, sus misiones los llevaron a este lance inconcebible entre hermanos.

A raíz de del presunto asesinado de Camilo, el Eln declaró al entonces coronel Valencia como objetivo militar. El propósito se cumplió en 1971, en el atentado de que fue víctima en una calle bogotana, cuando se dirigía a su puesto de trabajo como director de la Escuela Militar de Cadetes, y que por poco acaba con su vida. Un recuento muy documentado, y digno de toda credibilidad, fue presentado por la víctima en su libro “El final de Camilo” (Tercer Mundo, 1976). Este episodio criminal, salido de razón, queda para el juicio sereno de la historia.

No era el primer ataque contra su vida. De esta manera, su vocación patriótica, su defensa de la democracia, su heroísmo, su lucha contra la violencia y su propensión al diálogo y la convivencia tuvieron la brutal respuesta que suelen dar los protagonistas del caos a las acciones mejor concebidas.

“Mis adversarios guerrilleros” es un libro de alto significado dentro de la historia violenta del país. Sin leerlo no podrá entenderse lo que ha sucedido en este medio siglo de luchas fratricidas. Testimonio descarnado de una época signada por el odio, la brutalidad, la sangría permanente, el holocausto de los montes, el tráfico de drogas, la corrupción sin freno en todas las esferas de la sociedad. 

Dice el autor, como punto final de su trabajo: “Tan solo a partir de 2002, la fusión de política y estrategia en un esfuerzo comunal y la Acción Integral del Estado y la nación civil permiten vislumbrar un final victorioso”.

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