Por: Humberto de la Calle

Libros, Cuba, Pacho

No voy a posar de crítico literario. Pero sí quiero reseñar algunas de mis lecturas recientes y las que tengo programadas para estos días. Simplemente como un mensaje en la botella del náufrago.

Con Canciones para el incendio, Juan Gabriel Vásquez regresa al difícil género del cuento. Nueve relatos estupendos. Como lo dice el autor sobre el último de ellos, “en realidad, no es una historia, sino varias; o una historia con varios comienzos, por lo menos, aunque solo tenga un final”. Vásquez es hoy un reputado escritor de esa generación que superó ya el realismo mágico, cuya producción está agotada. Digo yo. Ese cuento final produce fascinación. Una armazón de historias extraordinarias, como en Borges, como en Cercas, en el que la ficción y la realidad son imposibles de desglosar.

Cómo perderlo todo, de Ricardo Silva Romero. Una trama multifacética, también una historia que son varias historias. Como las matrioskas, esas muñecas rusas que albergan otras y otras en su interior. Hastío, redes sociales, amores en el filo de los desamores.

Back Channel to Cuba, de William LeoGrande y Peter Kombluh. Más oportuno, imposible. Desde el puro comienzo de la ruptura con Cuba, Estados Unidos mantuvo canales secretos para lidiar con el asunto.

Buenas lecciones para Colombia. Por un lado, aunque el presidente Duque tiene razón en su condena a Maduro, algún canal debe dejarse abierto. Estamos en una carrera que puede ser trágica. Todos los días surgen asuntos que van escalando y que nos pueden llevar a prestar nuestro patio, no para promover nuestros legítimos intereses, sino para caer en una tela de araña, un ajedrez que juegan los grandes poderes. Algo de razón tiene Holmes: Maduro está ahora más solo. Pero suficientemente acompañado. Rusia, Turquía, China e Irán poseen combustible para desgranar un conflicto mayor.

Tampoco creo que sea una decisión adecuada poner a Cuba contra la pared en el tema del Eln. Duque tiene razón en exigir el cese del secuestro. Si bien Cuba nos hizo daño a raíz de su exclusión del sistema interamericano, desde hace años ha sido un compañero de viaje leal en la búsqueda de la paz. Podemos convivir con la diferencia. Desde Fidel, ya Cuba tomó distancia del uso de la violencia y ha sido definitiva en los avances recientes. Y lo ha hecho con pulcritud, sin tratar de incidir en nuestra política interna.

No contribuye Pacho Santos. Hay que decirlo sin ánimo pendenciero. Sus comportamientos nada tienen que ver con un ejercicio diplomático en la delicada posición a la que ha sido destinado. Fue el primero en anunciar la reanudación de las fumigaciones, antes de que hablaran los ministros competentes. Esa no es la órbita de un embajador. Se inauguró con juegos de guerra. Y luego, la metida de pata de Andrés F. Arias no tiene antecedente, contribuye a la desinstitucionalización por cuanto es un mentís a la Corte y permite la patética lección que le dieron fiscal y juez gringos, en un regaño de tamaño bíblico.

¡Ay, Pacho querido! Deseas llegar a la Presidencia usando la disrupción. Eso podría estar bien en la lucha electoral. El Pacho de las grandes movilizaciones. Pero la diplomacia no es el mejor terreno para el bufido. Saca unas horas y lee Bella del Señor, de Cohen. Verás que la grandeza del diplomático está en el gris plomo del anonimato. ¿Le gustarán a Holmes las salidas de tono? No creo.

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2018-12-23T00:00:48-05:00

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2018-12-23T00:15:01-05:00

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