Por: Indalecio Dangond B.

Liderazgo costeño

Uno de los grandes privilegios que me ha dado la vida es haber conocido al expresidente Alfonso López Michelsen, con quien compartí muchos momentos de tertulias sobre temas de política y economía de nuestro país. Fue él quien me motivó a escribir mi primera columna de opinión, publicada en El Tiempo.

Recuerdo que una vez (por allá en el año 2007) me pidió el favor de ayudarle a investigar sobre un tema que le preocupaba mucho y del cual quería escribir en su columna dominical. Se trataba de la falta de liderazgo de los políticos costeños en la política nacional. Pues, desde la candidatura presidencial del barranquillero conservador Evaristo Sourdis, en 1970, la región Caribe no volvió a tener un líder con posibilidad de llegar a la Presidencia de la República.

La semana siguiente volvimos a reunirnos en su apartamento en La Cabrera, donde acostumbraba organizar sus columnas de opinión los jueves por la tarde. Me brindó un whisky sello rojo y me preguntó cómo me había ido con la investigación. Le respondí sin titubeo que la culpa de la falta de liderazgo en los políticos costeños la tenía la persona más brillante que había parido el Partido Conservador, el doctor Álvaro Gómez Hurtado. El expresidente López se sonrió, pensando que era una broma, pero luego se dio cuenta de que estaba hablando en serio y me pidió que le explicara esa argumentación.

Le respondí que el liderazgo de los políticos costeños dejó de existir desde el momento en que se aprobó la elección popular de alcaldes (1988) y gobernadores (1991), una idea impulsada por el doctor Álvaro Gómez Hurtado. Por querer ponerle pueblo a la democracia, terminó poniéndole populistas a la democracia. Y detrás de ellos, una nueva generación de traficantes de la política.

Este sistema democrático permitió que los contrabandistas y narcotraficantes vieran en la política regional el mejor esquema de lavado de activos de dineros ilícitos. Fue entonces cuando comenzaron a financiar las campañas políticas de algunos políticos tradicionales a cambio de jugosos contratos públicos. Al poco tiempo terminaron desplazándolos y postulando en esos cargos a miembros de sus familias y populistas que servían de comodín para perpetuarse en el poder cada cuatro años. El mismo Álvaro Gómez lo reconoció después, en una entrevista donde afirma que “el país comenzó a ser gobernado por un régimen de complicidades y sobornos”.

Claramente, este fue el factor que más incidió en la desaparición del liderazgo político costeño. Pues, de ahí en adelante, nadie con ética, visión, liderazgo y profesionalmente capacitado iba a enfrentarse con estas nuevas organizaciones de traficantes de la política que se daban el lujo de comprar la conciencia —al precio que fuera— de los electores y de los funcionarios encargados del proceso electoral. Ganaban con cara y con sello. El expresidente López compartió mi tesis, pero no alcanzó a escribir la columna, un quebranto de salud se lo impidió.

No hay que desconocer que las cosas han empezado a cambiar y ya comienzan a asomarse nuevos líderes costeños con reconocimiento en la política nacional. Álex Char es uno de ellos. Ojalá las cosas se den en las próximas elecciones presidenciales.

* Experto en crédito agropecuario.

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