Por: Alberto López de Mesa

Liderazgo progresista

Una definición sucinta del Progresismo sería: corriente política resultado de la evolución de las izquierdas que, en lo económico, exige superar el uso de combustibles fósiles, transitar del extractismo a producciones que hagan uso racional de los recursos naturales, superar los hábitos contaminantes del consumismo, redistribuir justamente las tierras productivas para garantizar el desarrollo de industrias agrícolas y la prosperidad del campo, crear un sector financiero que contribuya a la equidad.

En cuanto a lo social se propone la democratización del saber, valorando la educación pública, gratuita y de altísima calidad, como el acto fundamental para superar las desigualdades y para contrarrestar las causas de la inseguridad.

En lo político, se concibe la participación democrática indispensable para garantizar el goce de derechos con enfoque diferencial para incluir en las decisiones de gobierno criterios alternativos de minoría étnicas, LGBTI, consumidores de SPA, poblaciones vulnerables, comunidades religiosas de toda índole.

En lo cultural, propiciar la circulación de las producciones artísticas, garantizar el acceso de niños y adultos a la oferta cultural, hacer ley la seguridad social de los artistas, proteger las expresiones vernáculas y el patrimonio cultural de la nación.

Todo esto corresponde a una modernización de la democracia, a la nueva y armoniosa deconstrucción de las concepciones de Mercado, Estado y Política, la cual se alcanzará en consenso, acogiendo, por supuesto, el derecho a la oposición.

El PROGRESISMO en Colombia se ha venido construyendo desde el liderazgo de Gustavo Petro que en las pasadas elecciones presidenciales pasó a la segunda vuelta y obtuvo ocho millones de votos, cifra histórica para un movimiento naciente, lo que demuestra que ya hay liderazgos progresistas en varias regiones del país.

Con esa convicción, confiemos en que en las próximas elecciones municipales, los candidatos progresistas logren exitosa votación porque con ellos en las gobernaciones, las alcaldías, los concejos y los edilatos, se asegura en muchas regiones el cumplimiento de los acuerdos de paz, la protección a líderes sociales cuya misión debe ser incluida como apoyo importante a la presencia estatal, los gobiernos municipales de progresistas se opondrán a las deforestaciones arbitrarias por parte de la ganadería extensiva y la megaminería, procurarán un desarrollo regional más equitativo y humanizado.

Para Bogotá, ya está visto que el único candidato verdaderamente PROGRESISTA es el periodista y concejal Hollman Morris, se ha demostrado consecuente con los conciencia ambientalista en su defensa rotunda a la Reserva Van der Hammen, con la oposición a las licencias a urbanizadores en los cerros orientales y en humedales, su valoración de lo público quedó demostrado en su intrépida gerencia de Canal Capital y su apoyo a las manifestaciones del sector educativo en defensa de la Universidad Pública.

Ha venido cumpliendo una campaña honesta y su popularidad va en crecimiento porque la ciudadanía se ha dado cuenta que su discurso no es coyuntural ni oportunista sino que ha sido su lucha como líder social y como concejal.

El PROGRESISMO capitalino y todos los sectores alternativos tendrán en Hollman Morris un valiente y comprometido representante de la modernidad democrática, que como alcalde aspira a poner a Bogotá en el rango de las ciudades del Primer mundo.

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