Por: Hernando Roa Suárez

Liderazgos políticos colombianos

Rafael Uribe Uribe, Jorge Eliécer Gaitán y Luis Carlos Galán, integran una tríada de líderes políticos excepcionales, cuyas vidas y principios se colocan como paradigma del pensamiento liberal progresista y social-demócrata colombiano del siglo XX.

Teniendo en cuenta el momento político del país y el gran desconocimiento existente, en amplios sectores de nuestra población, sobre líderes políticos colombianos del siglo XX, invito al lector a estudiar el siguiente punto de partida, sobre tres colombianos que consagraron su existencia a los ideales de nuestra democracia.

Rafael Uribe Uribe fue pensador, periodista, guerrero, caudillo, parlamentario, humanista e internacionalista. He aquí una de las más importantes y polifacéticas personalidades colombianas de los siglos XIX y XX. Hombre de recios ideales, consagró su existencia al servicio de los intereses nacionales y del partido liberal desde la cátedra, la contienda militar, el periodismo, el Congreso y el servicio exterior. De la lectura de sus obras, puede inferirse su profundo sentido de patria y la congruencia con sus ideas progresistas libertarias.

Vista en perspectiva, la vida y obra de Uribe Uribe es un ejemplo de autodisciplina, consagración y estudio, dedicados a los intereses de las mayorías colombianas. Su conocimiento de la realidad nacional le permitió proponer soluciones articuladas a los problemas de injusticia estructural. Según mi comprensión de la vida de Uribe Uribe, percibo que a partir de su iniciación en las contiendas civiles y en su contacto con las labores periodísticas, fue labrando su existencia y compromiso político, con el liberalismo y el país, en forma ascendente y cada vez más radical, profunda y medida.

Rafael Uribe Uribe amaba el trabajo intelectual y político; le fastidiaba la mediocridad. Conocedor del proceso histórico de la Nación, se propuso intencionalmente ser experto en el manejo de la compleja problemática nacional de su tiempo. Su vida se me presenta como un testimonio de valor civil, conciencia crítica y autenticidad. Y este prototipo de ser humano, es el que necesita nuestro país, aún noventa y nueve años después de su muerte. Sí: Uribe Uribe sirvió a la patria y al partido liberal, con sentido de grandeza, como pocos colombianos lo han hecho a lo largo de su historia.

Con la muerte de Uribe Uribe, la República y el partido liberal se privaron de una inteligencia superior; un tribuno extraordinario; parlamentario consagrado, internacionalista agudo y eficaz; servidor público ejemplar; líder político con profundo sentido de la justicia social y entrañable amor a Colombia . Con precisión escribió Alberto Lleras: “Uribe se muestra en la historia de Colombia como el más intelectual de los caudillos y el más caudillo de los intelectuales”.

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¿Tendrá sentido, en pleno siglo XXI, leer y estudiar la vida y obra de Jorge Eliécer Gaitán? Bien que sí. Me inclino a pensar que existen colombianos cuya vida y obra vale la pena conocer  y superar; que tienen luz propia, saberes y oficios dignos de ser retomados y proyectados. Sesenta y cinco años después de su asesinato, acercarnos a él, puede ser un “descubrimiento”, para quienes deseen influir decisivamente en la vida política colombiana.

Entendiendo la complejidad de los procesos políticos mundiales, latinoamericanos y nacionales, puede explicarse adecuadamente la significante labor y la magnitud de la lucha política emprendida por Gaitán. Analizando históricamente, Jorge Eliécer Gaitán se me presenta como uno de los más grandes caudillos políticos del siglo XX en Colombia. Forjador de un nuevo destino y una nueva fe para la base popular, para la base liberal y conservadora de aquel entonces; y también, para importantes sectores de los grupos comunistas, aunque tuvo serios distanciamientos con las directivas de este partido. Él es un ejemplo para quien desee triunfar mediante el ejercicio de la inteligencia, la consagración y el valor. 

Nuestra juventud debe saber que existen colombianos cuya vida, obra y vocación vale la pena imitar.  Uno de ellos es Gaitán. Sin embargo, es uno de los grandes desconocidos y se le ha pretendido olvidar y extrañar, aunque algunos políticos “gaitanean”. La vida y obra de Gaitán, son una realización objetiva del valor histórico de sus ideas, de su lucha, de su consagración y de su vocación política.

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Pensando en Luis Carlos Galán, ¿qué entreveo como un legado magnífico para nuestra juventud? Su autenticidad; la coherencia entre sus ideales y sus prácticas; su proceso paulatino de compromiso con los preceptos de la democracia y de la integración latinoamericana. Más, también: una cualidad muy importante frente a ciertos arribismos, pragmatismos y ascensos fáciles: la perseverancia acompañada de la elaboración de grandes proyectos que plasmen alternativas de progreso y justicia social.

Tomando distancia frente a influencias recibidas de otros líderes y teniendo en cuenta su vocación por el conocimiento histórico, me inclino a pensar que de Bolívar, aprendió el sentido de grandeza; de Santander, el imperio de la juridicidad; y de Nariño, el amor a la libertad. De Uribe Uribe, su consagración, el conocimiento de la sociedad global y la necesidad de modernizarla; y de Gaitán, su radical vocación político moral. Gandhi pienso, influyó en su opción pacifista; Kennedy en su perspectiva democrática y en el respeto a los derechos humanos; de De Gaulle analizó su sano sentido nacionalista y la capacidad para perseverar. Y de Carlos Lleras aprendió –muy de cerca– la consagración al trabajo y sus realizaciones de estadista. Así que paulatinamente, adquirió lecciones provenientes de sus estudios históricos que le enseñaron a comprender cabalmente los procesos.

Consecuente con su práctica social, Galán defendió prioritariamente los intereses de los espectros medios de la sociedad colombiana. Como educador político, está dotado de capacidad analítica, mística, sensibilidad social, valor, sinceridad en sus convicciones y capacidad de convocatoria. Con una positiva confianza en sí mismo, que fue acrecentando con el paso de los años, acompañó su trabajo político, con un gran despliegue de energía y vigor. Teniendo en cuenta el proceso de gestación y desarrollo de su movimiento, puede observarse que temía que lo eclipsaran o hicieran sombra dentro de su actividad política. 

Luis Carlos Galán creía que el destino de nuestro país estaba íntimamente vinculado al de la América Latina y tenía fe en el papel futuro de la juventud. Para 1970, comprendía ya la importancia de un nuevo sentido de la solidaridad mundial que permitiera, a través de los procesos educativos, construir sociedades más humanas. Con sus viajes permanentes por las distintas regiones de Colombia, pudo detectar nuestras grandes diferencias y el nuevo papel que deberían desempeñar los procesos de desarrollo local, departamental y regional, así como la rica gama de nuestra diversidad cultural y étnica. Ese conocimiento directo de la realidad nacional, le facilitó desarrollar su capacidad analítica y crítica.

Galán sostuvo que la política de paz debería ser integral; con componentes políticos, económicos y militares que condujeran al dominio del territorio por parte del Estado, para el ejercicio de la autoridad administrativa, judicial y policial. Asimismo, confió en el valor transformador de la palabra. Su obra global , permite analizar la vigencia de sus valores y las tensiones existentes entre la utopía posible y el pragmatismo. 

Frente a la muerte de Luis Carlos Galán, fue ostensible la solicitud popular de justicia. La onu, la oea, la cee, el gobierno norteamericano y los países hermanos, manifestaron sus sentimientos de pesar por el vil asesinato de un consagrado demócrata. La experiencia histórica colombiana le da la razón a Galán y puedo insistir en que “a los hombres se le puede matar, pero a sus ideas no”. Los ejemplos de Bolívar, Santander, Nariño... Uribe Uribe, Gaitán, Alberto Lleras Camargo, Carlos Lleras Restrepo y Luis Carlos Galán, así lo demuestran.

Galán fue un liberal social-demócrata progresista e inconforme que, en su trabajo político, no preconiza la violencia ni la lucha de clases. Actuó frente a una sociedad que, en los últimos cuarenta  años (1960-2010), tuvo transformaciones sustanciales evolucionando de una configuración mayoritariamente rural, hacia una principalmente urbana. Luis Carlos Galán fue un líder demócrata, poseído de una profunda vocación de triunfo y empeñado en ennoblecer la más bella de las vocaciones: la política. La próxima columna realizará un análisis comparado entre estos tres líderes. [email protected]

Lecturas iniciales: ROA SUÁREZ, Hernando (2012). Colombia política. Ensayos y escritos. Javeriana-Grupo Editorial Ibáñez. Bogotá. pp. 319-423. ________, (2005). El liderazgo político. Análisis de casos. Universidad Pedagógica Nacional. Bogotá. pp. 138-173. URIBE URIBE, Rafael (1898). “La necesidad de establecer la igualdad y fundar la paz”. El autonomista. Septiembre 21. ________, (1979). El socialismo de Estado. Obras selectas. Tomo I. Cámara de representantes. pp. 24-47.

Véanse los textos: Rafael Merchán (compilador). (2009) ¡Galán vive! Selección de escritos y discursos. D’vinni S.A. Bogotá y ROA SUÁREZ, Hernando, (2009). Luis Carlos Galán, un demócrata comprometido. Universidad Pedagógica Nacional-Escuela Galán-Compensar. Bogotá. pp. 77-141; 147-286; 437-441.

 

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