Por: Hernando Roa Suárez
Construir democracia

Liderazgos políticos democráticos (IX): Rafael Uribe Uribe (1859-1914)

Su vida y obra se me presentan como un testimonio de valor civil, estudio, conciencia crítica y autenticidad. Él es uno de los paradigmas del liderazgo político que necesita nuestro país, aún ciento cuatro años después de su asesinato.

Terminadas las columnas sobre Hitler y Mussolini, nos ocuparemos de Rafael Uribe Uribe y Jorge Eliécer Gaitán. Invito al lector a revisar cuidadosamente su contenido y allí descubrirá que, algunas de las consignas del actual proceso electoral y las denuncias a la corrupción, han sido inspiradas en el pensamiento de estos dos caudillos distintos y complementarios.

Observemos inicialmente que el 12 de abril se cumplen 159 años del nacimiento de Uribe Uribe, tan ignorado, precisamente en nuestros días, por amplios sectores de la población y, por supuesto, por la mayoría de quienes dicen ejercitar la ciencia y el arte de la política. Al reflexionar sobre el proceso político contemporáneo, parecería evidente la necesidad de contribuir a la formación y el surgimiento de nuevos líderes políticos democráticos, capaces de encarnar y desarrollar el proyecto histórico que los colombianos plasmamos en la Constitución de 1991.

El siguiente análisis de caso quiere presentar, especialmente a nuestra juventud, rasgos fundamentales de la vida y obra de un líder cuya estructura de personalidad; dedicación al estudio y consagración a la causa libertaria; solidaridad con los desposeídos, como resultado de su fundamentado humanismo; compromiso con un sano sentido de patria; equilibrio y conciencia crítica en el análisis de las relaciones internacionales; adecuado conocimiento de las complejas situaciones y culturas nacionales; y capacidad para proyectar cambios en la sociedad colombiana, lo constituyen, cambiando las cosas que haya que cambiar, en un arquetipo de líder político para el siglo XXI en nuestro país[1].

En unión de Jorge Eliécer Gaitán, Alfonso López Pumarejo, Darío Echandía, Alberto Lleras Camargo, Carlos Lleras Restrepo y Luis Carlos Galán, constituyen un sexteto de líderes políticos excepcionales, no los únicos, cuyas vidas, principios y valores se colocan como ejemplos del pensamiento liberal, progresista y democrático colombiano del siglo XX.

Hacia una comprensión de su vida y obra. Nace en Valparaíso (Antioquia) el 12 de abril de 1859. En los primeros años, recibe en su hogar una positiva formación patriótica, basada en las gestas revolucionarias de Nariño, Bolívar y Sucre. A los 8 años, viaja a Medellín y estudia en el Colegio del Estado de Antioquia. Posteriormente se traslada, por dificultades económicas, al Estado del Cauca y estudia en el Colegio Académico de Buga, donde inicia su lucimiento como lector, escritor y pensador liberal.

A los 17 años, participa en su primera guerra civil, demostrando sus dotes de hombre valeroso, luchador y consagrado. En 1877, inicia su carrera de abogado en el Colegio Mayor del Rosario y se gradúa a los 22. Un año después, es profesor de derecho Constitucional en la Universidad de Antioquia. Funda el periódico El Trabajo y es elegido representante a la Cámara. En 1884 asciende al poder Rafael Núñez, y en el 85 Uribe Uribe participa, bajo las banderas del radicalismo, en la contienda militar, obteniendo victoria en Quebradaloma al vencer al general Benigno González. Ulteriormente, el radicalismo es vencido en la conocida batalla de La Humareda y se inicia la persecución conservadora contra el coronel Uribe.

Teniendo 27 años, contrae matrimonio con el amor de su vida: Sixta Tulia Gaviria. En 1891, es colaborador de El Espectador[2] y un año después, funda su hacienda cafetera Gualanday, que le servirá de base para su escrito: Estudio sobre el café. En 1893 regresa a Bogotá, conoce a Eustasio de la Torre Narváez, quien le confía la administración de su rica finca en Viotá. Esa labor se suspende al estallar el conflicto civil de 1895, cuando se integra a las tropas del general Siervo Sarmiento, y es derrotado en la batalla de La Tribuna, el 29 de febrero del mismo año, por el general Rafael Reyes.

Continuando la lucha política, es hecho prisionero en Mompox, llevado a Cartagena, vejado y encarcelado por seis meses. Gracias a su padre y su hermano Tomás, es liberado y trasladado a la Capital de la República. A pesar del amañado proceso electoral de 1896, es elegido a la Cámara de Representantes y allí se enfrenta a Marco Fidel Suárez, Guillermo Valencia, José Vicente Concha y Carlos Cuervo Márquez. Se le conoce como gran polemista y orador que realiza sólida oposición al gobierno del señor Caro. Por esta época, se destaca como internacionalista y adalid de la causa libertaria, buscando apoyo político para la gesta de José Martí que, en la práctica, es negada por las fuerzas reaccionarias que en el Congreso comandan las orientaciones de la Regeneración.

A propósito del pensamiento de Rafael Uribe. Para el cubrimiento de este aspecto, me ocuparé de seis elaboraciones sustantivas: La oración por la igualdad; Notas sobre el alma nacional; La oración por la tolerancia; El socialismo de Estado; La separación de Panamá; y Los problemas nacionales.

La oración por la igualdad. El partido se prepara para una nueva guerra en 1898, y emplea las páginas de: El Autonomista fundado por Uribe Uribe. En junio del año citado, vuelve al Congreso y allí pronuncia “La oración por la igualdad”, en la que sostiene ideas claves sobre los criterios que deben orientar la construcción de la democracia, asentar la paz y la concordia ciudadana, recuperar la grandeza nacional y el imperio de la juridicidad. Leamos:

“Se trata de redimir la reputación tradicional del país y su índole política de una mancha que deshonra por igual, hace ya trece años, a los opresores y a los oprimidos; se trata de reconstruir la sociedad colombiana sobre sus antiguas bases, enaltecer al pueblo y al gobierno, dignificar el ejercicio de la autoridad y la obediencia de los ciudadanos, y aumentar la aureola de gloria y de grandeza del nombre colombiano; se trata realmente de abrir la era de la paz voluntaria y de cerrar la del rencor, las animosidades y la discordia; se trata de que acaben los agravios y el odio y de que haya otra vez familia colombiana, donde reinen el amor y la armonía. Porque, señores, esos sentimientos fueron destruidos por la Regeneración desde hace trece años, y durante este período terrible se han mantenido lejos de Colombia. Por primera vez en la vida de la República la coerción ha sido reconocida como estado normal del país y considerada como ley permanente; y es verdad incontrovertible que un sistema constante de leyes represivas, impuesto contra la repugnancia de una considerable porción de los ciudadanos, crea una situación incompatible con las condiciones requeridas de armonía y buen gobierno.

Hemos sido perseguidos y acosados como bestias feroces, nombre que una vez nos aplicó el Presidente Caro en uno de sus mensajes; nuestra existencia como partido ha sido considerada como extralegal, y así lo declaró oficialmente el mismo personaje.

Caballeros conservadores: no vengo aquí a pedir como limosna ni como concesión acreedora a nuestro reconocimiento y gratitud, lo que no es sino una incompleta restitución de lo que nos es debido; no vengo a implorar vuestra magnanimidad o vuestra largueza, sino a demandar en actitud digna, cuando no orgullosa ni altanera, nuestro derecho”[3].

Notas sobre el alma nacional. Sus reflexiones y propuestas no fueron acogidas. Ahora bien, en estas notas plantea orientaciones sobre la moralidad pública, la austeridad de que debe estar investido el funcionario público, el papel del dinero en la corrupción de las costumbres políticas y el peligro para la disolución de la democracia que ello implica. Veámoslas: “¿Quién dejará de convenir en que ciertas ideas acerca de la probidad están hoy del todo pasadas de moda y anticuadas?  ¿Quién negará que aquellos entes que en otro tiempo se llamaban moralidad pública y sanción social han cesado casi completamente de existir?

El oro ha sido rey. El dinero es quien ha dicho la primera y la última palabra en este triste período, el que le ha cerrado el camino a las ideas, el que ha transformado en lacayos a personajes reputados antes como republicanos austeros, el que ha dado cuenta de todas las resistencias y pudores de las almas. Hace tiempo que nadie se honra con la pobreza, ni comprende que se la llamara dádiva santa desagradecida; todos la consideran hoy como signo de incapacidad y cosa de dar vergüenza.

Mientras que, a ¿quiénes dispensamos hoy esas mismas atenciones? ¡Vergüenza da decirlo! a los públicos y reconocidos saqueadores del erario público, a los cínicos detentadores de los derechos del pueblo, a los calanchines de los ministros, a los escritores asalariados, a los contratistas de mala ley, a la turbamulta de advenedizos y granujas que han venido al asalto del poder con la agilidad y prisa de monos disolutos y golosos. De esos admitimos la amistad y la solicitamos; en su compañía nos complacemos por calles y casinos, salones y teatros; a esos ofrecemos puesto preferente en nuestras fiestas, concurrimos presurosos a las suyas, y nos damos por ofendidos si no nos envían sus invitaciones o rehúsan las nuestras; de esos recibimos obsequios y se los retornamos para mantenerlos gratos; aplaudimos sus ascensos y triunfos, por más inmerecidos que sean y por más bajos medios que hayan empleado para lograrlos; celebramos su lujo, pretendemos enlaces con sus hijas e hijos, aceptamos su hospitalidad o se la damos, libamos en su copa o se la ofrecemos; y cuando no les pedimos participación en sus operaciones siniestras, no dejamos de mirar con secreta envidia el desenfado con que han sacudido las preocupaciones que atan al común de las gentes en punto de integridad y de respeto al juicio social.

Hay que rehacer un alma colectiva a Colombia, y sin embargo todo lo que nos queda de autoridad moral e intelectual es impotente para prestar ningún servicio a la comunidad; como no se puede plantar un clavo en una pared cuarteada y húmeda sin que con él se desprendan pedazos de ella, así creo que ninguna idea de salvación puede tener asidero en una sociedad podrida y en vía de disolución”[4].

La oración por la tolerancia. En este texto, afirma la necesidad de ser tolerantes para construir la paz: “El país se pierde por falta de religión, sostienen los que creen que todavía tenemos poca. El país se pierde por falta de vergüenza, dijo no sin razón el austero doctor Francisco Eustaquio Álvarez; el país se pierde por ignorancia, declaró acertadamente el insigne instruccionista, doctor Dámaso Zapata; el país se pierde por pereza, enmendó otro notable hombre público, distinguido por su actividad; pero nosotros, que creemos saber de nuestra historia y de nuestra psicología, venimos hoy a probar que el país se pierde por falta de tolerancia[5].

Tampoco es escuchado. La guerra se inicia el 17 de octubre de 1897, con los levantamientos del liberalismo en Santander, comandado por Pablo Emilio Villar. Hacen también parte de este ejército revolucionario los generales Benjamín Herrera, Justo Durán y Vargas Santos. A fines de 1901, existen dos ejércitos enfrentados: los gobiernistas con 70.000 y los liberales con 35.000 hombres. Las fuerzas contendientes se encuentran ubicadas especialmente en la Costa Atlántica, los Santanderes, Cauca, Boyacá, Tolima y Cundinamarca; durará un año más.

Debe notarse que el desgobierno de Marroquín y su irresponsabilidad histórica con la integridad de la República, más las pugnas internas entre gobiernistas y liberales, van a facilitar la usurpación norteamericana del Canal de Panamá. El 21 de noviembre de 1902, se firma el tratado de Wisconsin que pone fin a la guerra civil. Después del golpe de mano, al firmarse el tratado Herrán-Hay con Estados Unidos, está pendiente de ratificación por el Congreso colombiano. En enero de 1903, termina la Guerra civil de los Mil Días; Uribe Uribe regresa a Bogotá y retoma su lucha política con conferencias, escritos y actuaciones en búsqueda de la unidad liberal.

El Congreso colombiano no ratifica el tratado Herrán-Hay. Ante este hecho político, el Gobierno de Estados Unidos procede a la desmembración de Panamá con la colaboración de Esteban Huertas, José Obaldía y otros. El desgobierno de un Marroquín marrullero, unido a la vocación imperialista norteamericana, facilita la toma del Canal, el 3 de noviembre de 1903.

El socialismo de Estado. Ante la situación de hecho de Panamá, Uribe Uribe denuncia la intromisión extranjera y sienta bases para la indemnización de perjuicios y satisfacción moral por parte de Estados Unidos. Continuando su labor parlamentaria, es elegido al Congreso en 1904 y en octubre, dicta su importante conferencia; “El socialismo de Estado” donde plantea la necesidad de institucionalizar una República democrática que responda a principios liberales avanzados, facilite la realización de reformas constitucionales e implante la justicia social.

Estudiemos cuidadosamente sus observaciones, intuiciones y capacidad predictiva sobre el valor relativo de los planteamientos del laissez faire y el libre cambio; la necesidad de abordarlos críticamente cuando se trate de aplicarlos a la realidad colombiana; la organización de la participación de los trabajadores en las utilidades de la industria; la orientación del ahorro nacional y la creación de bancos hipotecarios; el desarrollo de los seguros y el cooperativismo; la creación del Ministerio de Agricultura; el bienestar social para el pueblo; el papel regulador del Estado; y la construcción de la paz, como fruto de la concertación entre los partidos y grupos... Leamos:

“Todo hispanoamericano ha sido víctima de las teorías de publicistas europeos como Smith, Say, Bastiat, Stuart Mill, Spencer, Leroy y Beaulieu y demás predicadores del libre cambio absoluto y de las célebres máximas de laissez faire, laissez passer, un mínimun de gobierno y un máximun de libertad. Mientras en el nuevo continente hemos venido aplicando hace tres cuartos de siglo esas lucubraciones especialmente en lo económico; los países de esos escritores, Francia la primera, se han complacido en no escucharlos y en practicar todo lo contrario. De este modo, esas doctrinas han sido allá, casi en un todo, literatura para la exportación, que los americanos hemos pagado a doble costo el precio de los flamantes libros y la apertura de nuestros mercados a los productos europeos.

Las condiciones de estos países poco o nada tienen de común con los de Europa, y, por consiguiente, las teorías y las prácticas aceptables allá no pueden plantearse aquí sin el beneficio de inventario de una prudente adaptación.

Más para salir del abismo en que nos hallamos y levantarnos a la altura que nos corresponde por nuestra situación geográfica, a la riqueza del suelo, y el talento y las virtudes de la raza, no hay otro camino que el adoptado por las naciones europeas para llegar a su actual prosperidad: el socialismo de Estado, dentro de límites prudentes y ejercido con tino y probidad”.

Me permito sugerir al lector revisar en este documento de Uribe Uribe las “Aspiraciones socialistas no impracticables en Colombia”. Allí sostuvo una serie de propuestas muy avanzadas para el momento político que vivía el país, y uno de los fundamentos de esos planteamientos los podemos encontrar también en Jean Jaurès.

Y más adelante agrega: “Deseo que la paz no resulte de la imposición, por un lado, y de la impotencia, por otro, sino que sea producto necesario de una buena constitución económica y política de la sociedad, del equilibrio de las fuerzas, de la ecuación y de la acción conmutativa de todos los partidos y grupos. Pero está visto que el individualismo es la disgregación y la dispersión de las fuerzas; y la dispersión es la debilidad. Se impone la asociación por analogía, y por sobre las asociaciones, elevadas a la categoría de instituciones públicas, el Estado con su acción reguladora y equilibradora.

Yo he podido renunciar, como en efecto he renunciado, una vez por todas y para siempre, a ser un revolucionario con las armas, pero no he renunciado a ser un revolucionario y un agitador en el campo de las ideas” [6]. Nótese que estos planteamientos se formularon en Colombia en 1904, cuando faltaban todavía trece años para el estallido de la revolución bolchevique[7].

En agosto, asciende al poder Rafael Reyes, impulsando algunos procesos de cambio. Es convocada una Asamblea Nacional Constituyente, integrada por 18 conservadores y 9 liberales, restableciéndose el derecho del partido liberal a estar en el gobierno. Uribe Uribe es designado (1905) enviado extraordinario y Ministro Plenipotenciario ante los gobiernos de Chile, Argentina y Brasil. Con motivo de la Conferencia Panamericana de Río de Janeiro en 1906, representa a Colombia por encargo del Presidente Reyes.

Bajo el seudónimo de “El Colombiano” elabora su escrito: La separación de Panamá, donde “reclama, protesta y denuncia los manejos del imperialismo”. Este texto de 56 apretadas y densas páginas, es difundido en Centroamérica, México y América del Sur, creando un ambiente favorable hacia los intereses de Colombia.

Después de presentar 25 hechos extractados del Informe Roosevelt, procede a elaborar tres conclusiones donde indica que los Estados Unidos fueron y son los únicos usurpadores del Estado panameño, procediendo a sustentar la tesis jurídica de que el gobierno norteamericano violó el derecho internacional. (Me permito recomendar al lector revisar las páginas 341-346 de mi texto: Construir democracia 45 años de periodismo de opinión. Universidad Nacional, Universidad Javeriana, Compensar, RedUnipaz, Domopaz, 2016, donde encontrarán serias argumentaciones de Uribe Uribe sobre la separación de Panamá, que fueron fundamentales para la futura indemnización recibida).

Mediante su trabajo en la legislatura de 1910, le es posible concretar los proyectos vinculados a la división política del país en 15 departamentos; la elección del Presidente de la República por el Congreso; la Ley de reforma universitaria y la rebaja de penas a los presos con motivo del centenario de la Independencia. En 1910 pronuncia su conferencia sobre “Los problemas nacionales”.

Los problemas nacionales. Allí expresa, sinópticamente, 28 temas articulados que permiten comprender su conocimiento de la problemática nacional. Elabora sus opiniones sobre: la paz interna; el problema externo; el militar; la moneda; el crédito; el sistema tributario; el analfabetismo; el universitario; el higiénico; el sufragio; los partidos políticos; el parlamentario; el jurídico; la autonomía seccional y municipal; la prensa; las vías de comunicación; la población; el suelo; la reducción de los salvajes; el topográfico; las aguas y florestas; la estadística; el industrial; el trabajo; la vagancia; la tenencia de los empleos; el demográfico; el derecho de asociación; y el de la alegría. Ulteriormente sostiene en esta histórica conferencia, perspectivas propias de un líder que ama la paz fundada en la justicia social; conoce el valor histórico de los procesos educativos, en el avance o atraso de las naciones y, por supuesto, “el divorcio entre la vida política del país y su vida social y moral”. Leamos cuidadosamente:

“Cosa ninguna pueda intentarse con buen éxito si no es apoyándose en una fuerza verdaderamente nacional, expresión de la opinión libre y consciente. Mientras los colombianos estén exclusivamente dominados por odios e intereses sectarios, se engaña por mitad de la barba quien tenga la veleidad de juzgarse el Mesías salvador y reformador de este país. Mucho harán los buenos gobernantes, pero el poder de su energía y de su ilustrada voluntad no alcanzará hasta cambiar de un día para otro la educación que el pueblo ha recibido en ochenta años de zambra permanente. Es la Nación misma quien ha de resolver esos problemas y nadie en su lugar. Promover reformas completas que abracen todo el mecanismo social y todos los ramos de la actividad, pero sin convulsionar el país y sin provocar discordias, sólo puede conseguirse con la obra de varias generaciones, por medio de la lucha pacífica y esclareciendo los espíritus con la propaganda activa y evolutiva, estrictamente dentro de la ley. No parar, no retroceder, no precipitarse: he ahí el derrotero”.

Y agrega más adelante: “Tal vez la causa más profunda de las perturbaciones que padece Colombia, es el divorcio entre la vida política del país y su vida social y moral. Tenemos un pueblo inteligente, abnegado, de buena voluntad y con otras cualidades naturales, distribuidas profusamente en una población que vive sobre un suelo excepcionalmente rico, y sin embargo, las entidades oficiales no se preocupan por desarrollar esos elementos, por servirse de ellos, por valorizarlos; sino que más bien parece que la libre expansión de las energías nacionales les causen recelo o les estorbasen…

Dejemos que la corriente pacifista que sopla por el mundo penetre por todas las costas, valles y montañas de nuestro país, como un alisio refrescante y reparador. Necesitamos una Colombia nueva, una joven Colombia, y para ello tenemos que empezar por romper las maniotas del pasado.

Día llegará en que, como producto natural y espontáneo de un movimiento de opinión, determinado por la concurrencia de diversas circunstancias, en una coyuntura histórica que se ve venir, se imponga una nueva modalidad de los organismos políticos, reconstituidos para satisfacer las legítimas aspiraciones del país. Llegará un día en que se acabe esta miseria de no confundirse en un clamor único de ansia generosa la voz de la juventud colombiana, hoy dividida en grupos, caudatarios inconscientes de reacciones extremadas, y aderezados con nuevas, esplendentes de primaveral candor, ir procesionalmente, por entre la gloria de nuestra naturaleza, camino del altar donde se inscriba esta gran palabra, Patria, texto inmortal y cifra y compendio de los deberes del ciudadano”.

Teniendo en cuenta la abstención política electoral, en los últimos decenios, acerquémonos a Uribe reflexionando en torno a los siguientes planteamientos sobre la intervención en política y sus ideas precursoras sobre la democracia de participación: “Los que declaran “no meterse en política”, y lo practican, tienen razón, en parte, y constituyen una seria reserva nacional, para cuando esa política cambie de objeto y procedimientos; pero esto no los exime de cumplir con los deberes de la ciudadanía, ni obsta para que el ausentismo de los patriotas, de los laboriosos, de los prudentes y delos experimentados deje de ser el principal factor de esa perversión política de que se quejan.

El ideal nuevo es este: organizar la democracia, haciendo de ella una realidad y no una palabra, y para esto, abrir a todos el acceso a la vida espiritual, llevar a todos a la conciencia, y hallar una forma de civilización en que todos colaboren y en que todos participen. Allí está el específico contra nuestro atraso y nuestra miseria, y los que tengan el corazón bien puesto no podrán negarse a esa obra de redención social. Cosa ninguna puede intentarse con buen éxito si no es apoyándose en una fuerza verdaderamente nacional, expresión de la opinión libre y consciente”.

En 1911 funda el periódico El Liberal preconizando la unidad y el fortalecimiento del partido. El 15 de julio de 1913, entrega su informe como director a la Convención Nacional del Liberalismo. Para el proceso electoral de 1914, apoyó la candidatura –que consideró equilibrada– del conservador José Vicente Concha. Esa opción le reportó ataques adicionales y difamatorios por parte de los republicanos, que le impidieron aceptar el Ministerio de Relaciones Exteriores, ofrecido por el Presidente Concha como reconocimiento a su trayectoria política y al ejercicio excepcional de la función pública.

Semblanza final. El 15 de octubre de 1914, cuando se dirigía al Capitolio, es herido mortalmente por los obreros Galarza y Carvajal, falleciendo al día siguiente. Con su muerte la República y el partido liberal se privaron de un liderazgo excepcional; versátil periodista, un tribuno extraordinario; parlamentario consagrado, internacionalista agudo y eficaz; servidor público ejemplar; líder político con profundo sentido de la justicia social y entrañable amor a Colombia. Con precisión escribió Alberto Lleras: “Uribe se muestra en la historia de Colombia como el más intelectual de los caudillos y el más caudillo de los intelectuales”[8].

Vistas en perspectiva, su vida y obra son ejemplo de autodisciplina y consagración, dedicadas a los intereses colombianos. Su conocimiento de la realidad le permitía preimaginar soluciones articuladas a los problemas de injusticia estructural. Desearía insistir; quisiera acertar: según mi inacabada comprensión de la vida de Uribe Uribe, percibo que a partir de su iniciación en las contiendas civiles, de sus estudios y lecturas, y en su contacto con las labores periodísticas, va labrando su existencia y compromiso político, con el liberalismo y el país, en forma ascendente y cada vez más radical, profunda y medida, hasta adquirir la formación de estadista.

Amaba el trabajo intelectual y político; le fastidiaba la mediocridad. Conocedor del proceso histórico de la Nación, se propuso intencionalmente ser experto en el manejo de la compleja problemática de su tiempo. Su vida se me presenta como un testimonio de valor civil, conciencia crítica y autenticidad. Él es uno de los paradigmas de ser humano que necesita nuestro país, aún noventa y tres años después de su muerte. Sí: Uribe Uribe sirvió a la patria y al partido liberal, con sentido de grandeza, como pocos colombianos lo han hecho a lo largo de su historia.

Reflexiones hacia el futuro. Después de acercarnos a la comprensión del gran líder analizado, presento a consideración del lector las siguientes reflexiones: i. Frente a la estructura del poder mundial, se impone actuar con conciencia latinoamericana solidaria. Seguir incomunicados, divididos e ignorándonos, es funesto para el destino de nuestros pueblos. Los esfuerzos dirigidos a concretar múltiples formas de cooperación horizontal, entre los distintos grupos gubernamentales y no gubernamentales que se han ido creando al interior de la América Latina, abren posibilidades para una acción que facilite su vinculación más igualitaria dentro de la nueva configuración planetaria. ii. Al revisar el devenir del desarrollo político colombiano, en los tres últimos decenios, es ostensible la falta de información, formación y participación de amplios sectores de la población en la vida política y en la toma de decisiones.

iii. Teniendo en cuenta los presupuestos básicos de la Constitución del 91, es un desafío apasionante planear y consolidar formas de organización de nuestro desarrollo y cultura política, de tal manera que podamos vencer dicho desconocimiento, en especial entre sectores mayoritarios de la juventud y del profesorado universitario sobre la importancia de la política. iv. La búsqueda de caminos de intervención y compromiso que faciliten el relevo generacional y el surgimiento de nuevos liderazgos y partidos políticos, con vocación universitaria, sentido solidario y capacidad de cambio estructural, me llevan a enfatizar la utilidad que tiene para Colombia la visión creativa de las universidades en el desenvolvimiento de la ciencia, la política, la tecnología, el arte y la cultura.

v. Concibo los futuros líderes políticos como conductores o jefes que, estando dotados de prestigio intelectual y humano, y reconocida capacidad de mando y administración, asumen un proyecto histórico democrático, con posibilidad de captar seguidores comprometidos con su causa, para el ejercicio participativo del poder. Creo que este líder debe estar formado como estadista, y no ser simplemente un buscador de poder. El liderazgo necesario para Colombia lo entiendo no como un juego entre las élites, o una respuesta populista, sino como el resultado de un proceso en que se cuente con un proyecto y una organización estructurada para la acción, con miras a establecer una sociedad justa, pacífica, libre y con capacidad de cristalizar un desarrollo sustentable.

vi. Es de esperar que los futuros líderes políticos tengan conciencia solidaria hacia el planeta, y actúen dentro del espacio nacional con visión latinoamericana. Cuando el prestigio intelectual y social del líder se coloca al servicio de los intereses populares, se realiza una acción dinamizadora entre él y las masas, que compromete sus destinos. La concreción de ese proceso conducirá a situaciones de cambio, siempre y cuando exista un sólido equipo de asesores tecnopolíticos y una organización democrática que respalde el proyecto político en forma continua. Hoy, como ayer, hacer no es agitarse; es realizar lo difícil.

roasuarez@yahoo.com

Referencias

[1] Quien rastree el pensamiento de Uribe Uribe, podrá descubrir la influencia y coincidencias entre éste y aspectos de las ideas expuestas por Alfonso López Pumarejo, Alberto Lleras, Jorge Eliécer Gaitán, Camilo Torres Restrepo y Luis Carlos Galán.

[2] Obsérvese que en el primer número de El Espectador, del que fue colaborador, y amigo de don Fidel Cano, hay un anuncio publicitario de Uribe Uribe, en primera página, como penalista.

[3] Discurso sobre “La necesidad de establecer la igualdad y fundar la paz”, Periódico El Autonomista, septiembre 21 de 1898.

[4] El Autonomista, octubre 8 de 1898.

[5]Forjadores de Colombia contemporánea, Op. cit., p. 365.

[6] El socialismo de Estado. Uribe Uribe. Obras selectas, Bogotá. T. I, pp. 29-47.

[7] Véase la coincidencia entre varios de los planteamientos de Uribe Uribe, algunas perspectivas de los llamados socialistas utópicos (Fourrier, Saint Simón, Proudhon…), y Jean Jaurés.

[8] Lleras, Alberto, Uribe Uribe, Obras selectas, t. IV, pp. 101-103. Biblioteca de la Presidencia de la República, Bogotá, 1987.

Bibliografía básica

CABALLERO, Lucas, (1980). Memoria de la guerra de los Mil días, Biblioteca Básica Colombiana, Colcultura, Bogotá. CACUA PRADA, Antonio, (rg), (1988). Forjadores de Colombia contemporánea, t. I, Planeta, Bogotá. CONCHA, José Vicente, (1904). Las negociaciones diplomáticas del canal de Panamá, La Luz, Bogotá. DURÁN, Justo L., (1920). La revolución del 99, Talleres tipográficos día, Bogotá. GALVIS SALAZAR, Fernando, (1962). Rafael Uribe Uribe, Imprenta departamental, Medellín. GUERRA, José Joaquín, (1932). Viceversas liberales. Documentos relativos a la historia del liberalismo colombiano, La Cruzada, Bogotá. LEMAITRE, Eduardo, (1971).Panamá y su separación de Colombia, Banco Popular, Bogotá. LLERAS, Alberto, (1987). Uribe Uribe. Obras selectas, t. IV, Biblioteca de la Presidencia de la República, Bogotá. PALACIOS, Marco, (1983). El café en Colombia 1850-1970. Una historia económica, social y política, Áncora/Colegio de México, Bogotá. ROA SUÁREZ, Hernando, (1992). “La nueva Constitución, Uribe Uribe y los futuros liderazgos”, Revista Politeia N. 8. Universidad Nacional, Bogotá. _____, (1993). URIBE URIBE. Un líder político excepcional, Esap Publicaciones. SENADO DE LA REPÚBLICA, (1903). Canal de Panamá, Documentos relacionados con este asunto que se publican por orden del Senado, Imprenta Nacional, Bogotá. TIRADO MEJÍA, Álvaro, (1979). Colombia en la repartición imperialista. 1870-1914, Hombre nuevo, Medellín. URIBE URIBE, Rafael, (1910) Labor parlamentaria en el Congreso de 1909, Bogotá. _____, (1955). Por la América del Sur, Dirección de información y propaganda del Estado, Bogotá. _____, (1979). Obras selectas, Cámara de representantes, (1984). 2 tomos, Bogotá. _____, (1893-1897). El Trabajo. El Espectador, Medellín, _____, (1898-1899). El Autonomista, Medellín. _____, (1911-1914). El Liberal, Bogotá. _____, (1913-1924). El Correo Liberal, Medellín-Bogotá.

 

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