Por: Hernando Roa Suárez
Construir democracia

Liderazgos políticos (VII): Benito Mussolini (1883-1945)

“Para el fascismo, el Estado es un ente absoluto, ante el cual individuos y agrupaciones son lo relativo. Los individuos y las agrupaciones sólo se comprenden en cuanto residen en el Estado”. B.M. La doctrina del fascismo. 1932

Después de haber trabajado los liderazgos diversos de Alberto Lleras, Darío Echandía, Charles de Gaulle, John F. Kennedy, Mahatma Gandhi y Simón Bolívar, me ocuparé ahora de revisar los de Benito Mussolini y Adolfo Hitler, cuyo conocimiento se me presenta de gran utilidad para saber descifrar —a tiempo— orientaciones y procesos que han servido para guiar, cambiando las cosas que haya que cambiar,  algunos regímenes latinoamericanos y africanos que atentan, en nuestros días, contra la consolidación de nuestras democracias y el ejercicio de las libertades correspondientes.

Notas iniciales. Benito Mussolini nació en Dovia de Predappio (Romagna), hijo de herrero y maestra de escuela. A los 18 años se afilió al Partido Socialista Italiano. A los 22, regresa de Suiza, cumple el servicio militar y es encarcelado por sus ideas políticas.

Durante algunos años, ejerce como maestro de escuela para lo cual había estudiado hasta los 18. Antes de convertirse en político beligerante, a partir de su intervención en el Congreso del Partido Socialista de 1912, practica como periodista en Giustizia, L’avvenire del laboratore; Il Popolo, La lotta di classe y Avanti. Anotemos que, teniendo en cuenta su temperamento rebelde, arribista y exhibicionista, encontró en el periodismo un espacio para expresar sus polémicos planteamientos y desarrollar parcialmente su ideología y prácticas políticas. En 1915 se casó por lo civil con Rachele Guidi y tuvo varios hijos.

El surgimiento del fascismo. Si pensamos en la época de entreguerras (1918‑1939), encontraremos que en Italia se dan un conjunto de factores explicativos que facilitan la comprensión del proceso del surgimiento y consolidación del fascismo. Esos factores son: i) El crecimiento industrial italiano; ii) la devaluación; iii) el desempleo; iv) el deterioro de los sectores medios de la población; v) el crecimiento de la beligerancia y del poder sindical; vi) las luchas campesinas; vii) la pérdida del poder y desorganización de los sectores políticos tradicionales; viii) la problemática campo‑ciudad y ix) el desarrollo del socialismo a nivel mundial.

En 1919, Mussolini funda los Fascios Italianos de Combate que se caracterizan por su pragmatismo, nacionalismo exagerado y la acción violenta como lucha política. El fascismo nace entonces, como una necesidad de acción, con respaldo de la pequeña y mediana burguesía, que utiliza hábilmente el descontento existente en amplios espectros sociales y el vacío político provocado por el fracaso organizativo de los más importantes partidos y movimientos políticos tradicionales. Sabemos que el fascismo creció buscando combinar apoyos del campo y la ciudad, habiendo recibido la ayuda del gran capital industrial y agrario que emplearon las Escuadras de Acción para atacar las organizaciones sindicales obreras.

El fortalecimiento del fascismo. Es entonces que, con el respaldo del gran capital, Mussolini es elegido diputado en 1921 y transforma el movimiento de los Fascios en el Partido Nacional Fascista, orientado ideológicamente por Gentile. Hacia 1922, la fuerza política de Mussolini le permite situarse como árbitro ante la división de la izquierda y las crisis del Estado y los partidos políticos. La famosa “marcha sobre Roma” de octubre de este año fue decisiva para el ascenso de Mussolini al poder y Víctor Manuel III le encarga, al ya Duce, la formación del gobierno. En ejercicio de su responsabilidad política, va evolucionando lenta y seguramente de actitudes colaboracionistas, con liberales derechistas y el partido popular, hacia la fascistización de la sociedad.

La dictadura. El asesinato del diputado socialista Matteotti en 1924 marca abiertamente la vocación gubernamental hacia la dictadura y el totalitarismo. Gobernando con la cooperación del Gran Consejo Fascista de 1928, cristaliza su poder en 1939 con la creación de la Cámara de los Fascios y las 22 corporaciones presididas por él. El Duce deviene dictador y a continuación se prohíben los partidos políticos, la libertad de prensa y la libertad de organización sindical. Las medidas anteriores son complementadas con la creación de un partido único y la policía política para el terror.

La política internacional del fascismo. En cuanto a la política internacional italiana, para esta época, fue orientada según la voluntad del Duce, que se opuso al Tratado de Versalles y esperaba hacer devenir su país en una potencia, a pesar de sus limitaciones estructurales. Dentro de su estrategia global, esperaba mantener el no entendimiento entre Francia e Inglaterra y convertirse en la gran influencia a lo largo del Mediterráneo. Más aún, creía en la necesidad de consolidar un imperio colonial que proclama en 1926. Hacia 1939, cuando estalla la segunda conflagración mundial, Italia es “no beligerante”. Sin embargo, hacia junio de 1940, se alía con Hitler y declaran la guerra a Francia y Gran Bretaña, con la solidaridad del Japón.

Al realizar un balance de lo que fue la participación de Italia en esta guerra, puede deducirse que fue altamente perjudicial en pérdidas de vidas humanas, descomposición social, y desprestigio político y económico. Complementariamente, quedó clara la ineptitud estratégica militar del Duce y su sometimiento finalmente vergonzoso a los designios del Führer. Hubo improvisación y aventurerismo en el manejo de la política externa y en la conducción de la guerra.

Sus publicaciones. Revisando las publicaciones de Mussolini, se pueden destacar: El diario de guerra, Mi vida, La doctrina del fascismo, Escritos y discursos, y Testamento Político.

Balance final. Si tomamos distancia frente al fascismo en Italia, como una forma particular de régimen de excepción, podemos observar que, frente a la crisis del Estado italiano, se presenta como una alternativa que capta el descontento de los sectores mayoritarios de la población. Sin embargo, sus orientaciones ideológicas y prácticas políticas demostraron —a la larga— su inconsistencia e incapacidad histórica para dirigir y organizar un proyecto político que permitiera cristalizar el proceso de modernización que necesitaba Italia.

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Bibliografía

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