Mucha bola

Lillo y Gamero

Los hinchas piensan con el corazón, y eso está bien. El fútbol es catarsis, drama, pasión. La semana exige racionalidad para poder sacar la vida adelante. Pero quienes analizamos el fútbol tenemos que hacerlo con la cabeza, no con el corazón.

Dicho lo anterior, resulta entendible la reacción de los hinchas de Nacional. Acostumbrados a ganarlo todo en los últimos tiempos, quedar eliminados de Copa a manos de Patriotas y de Liga ante el Tolima es un retroceso en términos de resultados. Pero el fútbol, como la vida, también contempla la derrota. Los demás también tienen derecho a ganar.

Pero a la hora de analizar la cosa no se puede reducir la eliminación a la falta de capacidad de Lillo, empezando porque si hay alguna situación de juego en la que el técnico no puede influir es la definición desde el punto penal. La gente culpa a Lillo y exige su salida inmediata. Pero los directivos de Nacional no se pueden enloquecer. Lo primero es que al español lo trajeron para preparar una gran Copa Libertadores. Nacional consiguió su cupo a dicho torneo el semestre anterior, con la obtención de un título más. Por eso pensaron en un técnico con el que se pudiera pensar en un proceso a largo plazo (en el fútbol, un año es largo plazo), que pudiera dejar una impronta futbolística, una identidad a la cual serle fiel. En ese sentido, Lillo propone un fútbol con largas secuencias de pases en el que se aprovechen los espacios libres para progresar y presionar asfixiando al rival (semejante al Nacional de Maturana, que tanto gustaba a sus hinchas). En otras palabras, es la idea general de Guardiola, quien no se cansa de declarar a Lillo como su mentor. Eso se ve en la cancha, aun sin la contundencia necesaria. Por otra parte, los jugadores manifiestan que están encantados con el método Lillo y no hay nada más difícil de lograr que tener a todo un grupo comprometido con una idea.

En cuanto a los números, Lillo hizo 41 de 66 puntos posibles. Mantuvo la regularidad de los últimos años. Esta vez les tocó perder, pero esa no puede ser la razón para cortar un proceso que, por supuesto, requiere mejoras en cuanto a lo vulnerable que se hace su equipo atrás cuando pierde la pelota y en la efectividad en el arco contrario. Lo primero es de trabajo para mejorar el regreso y lo segundo es de nombres. Un equipo como Nacional necesita tener al menos dos delanteros del nivel de Dayro. La historia del fútbol está llena de equipos legendarios que supieron aguantar a su entrenador convencidos de que el norte estaba claro.

Ferguson ocupó el puesto 11 en su primera temporada con el Manchester United y el resto de la historia ya lo conocemos, pero para ello sus jefes tuvieron que estar firmes en la turbulencia.Al otro lado de la vereda está Gamero. Con menos nómina, pero con orden y ganas, su Tolimita firmó una de sus mayores gestas de la historia. El fútbol, por fortuna, tiene estas cosas: no siempre gana el favorito. Pero para que eso suceda tiene que haber un gran líder al frente del pequeño que logra dar el golpe. Ovación de pie para el humilde Gamero que supo llevar la nave pijao hasta los penales en donde su arquero Joel Silva se hizo héroe.Cómo es la vida. A Gamero le hizo falta continuidad en Júnior. Ahora, el samario pone a los hinchas de otro grande, Nacional, a pedir que se corte el proceso de Lillo.

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