Por: Columnista invitado

Llorar por la 14

Cómo no llorar. Cómo no dejar que el alma se partiera en dos sobre esa fría gradería. Eran 24 años.

Eran incontables días de dolor y de vivir del pasado, de un pasado que se borraba como un fantasma. Era cargar un piano por las cinco con cincuenta y tener que cabecear para defender el tiro de esquina.

Cómo no llorar y abrazarse, si al fin y al cabo la maldición había sido rota. Si la angustia de los penaltis puso a prueba el corazón de los millones de hinchas. Si tantos años de fracasos y de quemarse el gol en la línea del horno, no habían hecho sino fuerte a un corazón incrédulo.

Pero no. Este Millonarios versión 2012, segundo semestre, tenía la suerte del campeón desde el comienzo. Una suerte que es también un ángel. Una suerte con necesidades históricas.

No vale la pena hablar hoy del partido, de los tiros del punto penal, del gol anulado, del error defensivo, de esto y de aquello. No, hoy los hinchas de Millos no hablamos de fútbol, de táctica o estrategia, sino de lo que alma nos deja hablar: una sensación fresquita, liviana. Una sonrisa sincera en medio de una carcajada de felicidad.

Nos quitamos de encima más que 24 años de no ser campeones. Nos quitamos de encima la incredulidad de que este mal era eterno. Nos hemos curado. Nos hemos salvado.

Poco importa ahora cómo se logró, y si hubo o no méritos. Eso, que lo guarden en su cabeza los sabios del fútbol. El hincha, el raso, el obrero, el estudiante, el adulto, el viejo, sólo quieren celebrar y que nadie se interponga en la felicidad.

Cómo no llorar, cómo no celebrar, cómo no pasar la noche despierto, en vela, recordando el momento, oyendo una voz interior que repetía “queremos la 14”. Cómo no dejar que esto dure para siempre.

Volvimos. Los hinchas azules renacimos. Hoy, mañana, siempre, nos verán en la calle flotando entre los demás. No porque nos creamos lo que no somos, sino porque nos quitamos un piano que pesaba toneladas.

Lo que viene sólo podrá ser bueno. El hechizo está roto. Gracias a los que hicieron este sueño posible. A los que invitaron a soñar y sólo nos despertaron para celebrar. Hoy, se vale llorar…

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