Por: Patricia Lara Salive

Lo absurdo del bloqueo

Si ustedes fueran cubanos, y el bloqueo de EE.UU., o la disculpa de su existencia, les hiciera la vida más difícil y les complicara movilizarse, o curarse una enfermedad o tener una vida más cómoda, seguramente detestarían a los causantes del mismo, se rebelarían en su contra y apoyarían a quien se les enfrentara y les dijera: “¡Norteamericanos, respeten! ¡Sepan que no les permitiremos invadir esta isla, por más poderosos que sean!”.

Eso es lo que ha sabido hacer Fidel Castro, y eso es lo que tienen que entender los congresistas republicanos que se oponen a su levantamiento.

Para ilustrar lo que el bloqueo implica, les cuento lo que acaba de sucederme:

Resulta que el lunes, luego de asistir al Carnaval de las Artes (cuyo estilo barranquillero y carnavalesco lo hace más alegre y espontáneo que el Hay Festival, y su arraigo popular lo vuelve más interesante), me alistaba para viajar a La Habana con el fin de mirar las negociaciones de paz con mis ojos, y no a través de la lente de los medios.

Le llevaba un encargo a una amiga: nada menos que cuatro rines y una batería para su jeep Mitsubishi, modelo 1997, parado desde hace un año porque en Cuba se agotaron.

Pregunté en Avianca si transportarían la batería a Barranquilla y me dijeron que no. La mandé por Servientrega, pues en Copa me habían asegurado que sí la llevarían a La Habana, si era seca. Por eso la conseguí así. Me registré en el vuelo de Barranquilla a La Habana, con conexión en Panamá y, luego de pasar el control de seguridad, la Policía examinó las cajas. Expliqué lo que contenían y mostré las facturas. No encontraron inconveniente. Pero, después, una funcionaria de la aerolínea decidió que consultaría si podía llevar la batería y agregó que, si su superior le negaba el permiso, tampoco me transportarían a mí.

—¿Qué? —repuse, indignada. Y agregué—: ¡Si se queda la batería, no puede impedirme viajar!

—Es que Copa no se hace responsable de la batería, y usted no puede dejarla en el aeropuerto.

Ya casi cerraban la puerta del avión. Entonces el jefe de seguridad de turno, el capitán Lozano de la Policía, me dijo:

—Señora, yo puedo hacerle el favor de llevar la batería a algún lugar.

Agradecida, le dije que iba a llamar a alguien para pedirle que me guardara la batería en Barranquilla. Cuando quise darle algún dinero para que pagara el taxi, el capitán no sólo no lo recibió sino que me dijo:

—Lo hago con mucho gusto. (Su actitud me llenó de orgullo: ojalá todos en la Policía fueran como él).

Pues bien, luego de semejante esfuerzo, el jeep de mi amiga sigue parado en Cuba. ¿Debido al bloqueo? A lo mejor no. Pero éste sirve de disculpa para justificar que no haya baterías, como no hay papel higiénico, ni ajo en polvo, ni medicinas que tengan algún componente producido en Estados Unidos.

¡Qué tontos son los republicanos al querer mantenerlo! ¡Si levantaran el bloqueo, muy seguramente, en pocos años, Cuba tendría elecciones y se convertiría en una social democracia avanzada!

Al oído de María del Pilar Hurtado: ¿No llevaría una mejor vida, no les daría más tranquilidad tanto a usted como a su familia, revelar toda la verdad sobre las chuzadas del DAS contra la oposición, la prensa, y en una palabra, contra la democracia? ¿No le convendría más limpiar su nombre y salir de la cárcel con la frente en alto? ¡Piénselo bien, María del Pilar!

Buscar columnista

Últimas Columnas de Patricia Lara Salive

Gracias, presidente Santos

Prefiero a Petro

Iván Duque, ¿su padre hizo esto?

El voto en blanco: ¿bobada o cobardía?

¡Agradézcale a la JEP, señor fiscal!