Por: Mauricio Botero Caicedo

Lo bueno, lo malo y lo feo

DURANTE LOS LARGOS OCHO AÑOS que Andrés Uriel Gallego estuvo al frente del Ministerio de Transporte, no todo fue bueno como argumentan los rabiosos defensores del antioqueño; no todo fue malo, como los más radicales opositores de Uribe sostienen; y que hubo cosas feas, las hubo.

Sin ninguna animadversión personal en contra de Gallego, y sólo con el ánimo de hacer un balance constructivo, puede ser oportuno resaltar algo de lo bueno, lo malo y lo feo de los ocho años de Gallego frente a ese Ministerio

Lo bueno:

- Gallego supo rectificar en los segundos cuatro años la equivocada política de frenar las concesiones y favorecer exclusivamente a un puñado de firmas nacionales en el sector.

- Sin que los transmilenios fueran de su resorte, ni mucho menos de su autoría, Gallego hizo lo posible para que muchos de ellos salieran a luz.

Lo malo:

- Colombia, después de Bolivia, es el país más atrasado en materia de red vial en Suramérica. Según recién informe de la revista Dinero, el país únicamente cuenta con 16.000 kilómetros de vías troncales, 146.000 kilómetros de vías secundarias y terciarias, y apenas 1.000 kilómetros de dobles calzadas. (La propaganda oficial que asevera que se construyeron 1.000 kilómetros de doble calzada durante el ministerio de Gallego, no menciona que la mayoría de estas vías son cinturones urbanos y no autopistas).

- En vez de concentrar los recursos y esfuerzos en las grandes vías de la competitividad, Gallego se dedicó a construir y mejorar vías terciarias y una que otra secundaria. Es inconcebible que en los ocho años de gobierno de Uribe no hayan podido inaugurar ninguna de las grandes troncales que el país reclama a gritos. (Para llegar a Buenaventura desde la capital se sigue tardando el mismo tiempo que hace una década).

- No fue Gallego capaz de modificar el modelo colombiano de concesiones, modelo nefasto en donde muy pocas veces se construye lo que se licita y que en esencia lo que les da a los contratistas es incentivos perversos que estimulan el incumplimiento masivo de los pliegos y contratos.

- Los aeropuertos del país, en términos generales, son un modelo de ineficiencia e incompetencia. Las demoras que sufrimos los pasajeros son en buena parte culpa de la incapacidad de las autoridades de manejar el creciente tráfico aéreo.

- Gallego mantuvo el sector automotor en un abandono casi total. No existió en esos largos ocho años una política coherente que trazara el rumbo futuro del sector ni formulara un verdadero modelo de desarrollo a largo plazo. En el transporte no existió ni norte, ni objetivos claros y concretos.

- Con contadas excepciones, el INCO no fue capaz de establecer modernos sistemas de peaje automático, sometiendo a los usuarios a infinitas demoras.

Lo feo:

- Gallego estuvo enfrente de ese Ministerio 2.920 días. No obstante la solicitud manifiesta del nuevo Ministro de aplazar ciertas obras, Gallego decidió adjudicar monumentales contratos el último día. En una jornada laboral de ocho horas, es el equivalente a que en los últimos seis segundos esté tomando decisiones. Lo anterior no sólo deja un sabor amargo, sino que es una falta total de cortesía con su sucesor.

- El manejo del RUNT y los casi siete u ocho directores que pasaron por el INCO dejan la sensación de que la incompetencia y la desidia formaban parte de la política oficial.

- Las peleas de Gallego con sus colegas en el gabinete y con el director de Planeación dejan sentir que el ex ministro nunca fue realmente capaz de articular en el alto gobierno una política seria y coherente.

El nuevo ministro, Germán Cardona, no recibe una herencia afortunada. Destacado ingeniero, Cardona no es ajeno a los trajines del sector público. Tenemos certeza de que va enfrentar, con éxito, los enormes retos en este estratégico sector.

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