Por: Andrés Hoyos

Lo bueno, lo malo y lo feo

A RAÍZ DE MI COLUMNA DEL 17 DE febrero, “No echaremos de menos...”, que iba saliendo un poco drástica, un veterano exministro colombiano —digamos que se llama J.— me escribió lo siguiente: “qué bueno sería que dedicaras algunas reflexiones a todo lo bueno que ha sucedido en Colombia en los últimos 20 años.

Esas son las razones por las que yo sigo viviendo en esta patria que amo”. Prometí responderle, así ahí va.

¿Lo bueno, mi querido J.? He aquí mi lista:

• Se promulgó hace 24 años una Constitución laica, muy imperfecta y de parto en extremo difícil, pero mejor que la anterior. Aunque la han zarandeado de lo lindo y le han hecho más operaciones que a Frankenstein, todavía existe y eso es bueno.

• Las Farc se vieron forzadas a replegarse en una defensiva estratégica y eso fue muy bueno. Sin embargo, el principal artífice de ese adelanto nos ha venido exigiendo por sus servicios un precio desproporcionado y eso es malo por donde se mire. Si un personaje como ese piensa que las instituciones son un juguete con el que él y sus amigos, tipo Jorge Pretelt, pueden jugar, estamos en grave peligro. Por cuenta del narcisismo y de la pereza de nuestros dirigentes seguimos sin partidos políticos verdaderos y eso nos tiene dando bandazos. Ni modos de verle un lado bueno a semejante despelote.

• Se firmaron varios acuerdos de libre comercio, y eso podría ser bueno, porque aislarse del mundo como proponen los acomplejados es una condena al atraso permanente. Lo malo es que los dos últimos gobiernos no entendieron que para sacarles provecho a esos tratados había que fortalecer el aparato de I&D del país. Por el camino, privilegiaron el modelo extractivo, basado en la minería y el petróleo, que exporta productos sin valor agregado. La tasa de cambio se mantuvo alta por demasiado tiempo. Tamaña miopía no tiene defensa.

• Mejoró el cubrimiento de la educación, y eso también es bueno, pero la calidad se rezagó. Lo mejor en esta materia es que el tema ya nunca va a salir de la agenda nacional, de modo que algún día por fin haremos lo que toca para llegar a toda la población con una educación de calidad. Mientras, avanzaremos en zigzag.

• Santos empezó un proceso de paz serio, y eso es muy bueno, si bien la conclusión se está tardando. Últimamente las Farc han arreciado en su terquedad, quizá aprovechando la menor agresividad militar del Estado, y andan repitiendo sus eternas mentiras como si nada. Eso, aparte de malo, es feo.

• La élite del país ha empezado a comprender que la tal Guerra Contra las Drogas es un disparate que, por lo demás, no nos concierne, pues depende de líos internos de Estados Unidos. Eso es bueno. Lo malo es la lentitud desesperante con la que se plantean las salidas. Las termitas se siguen comiendo el mástil de nuestra nave y nosotros tan campantes.

En síntesis, mi querido J., lo malo de todo lo bueno que me pides mencionar es que no hay ninguna tarea de veras concluida. Y vaya que trato de decirlo sin amargura de ningún tipo ni idealismos extravagantes. Esa provisionalidad exasperante a muchos nos obliga a concluir que lo bueno, lo verdaderamente bueno, está en el futuro, y como todo lo que concierne a ese espantadizo señor, podría no llegar a suceder nunca.

¿Que se evitó lo peor y que eso, bien visto, es bueno? Sí, mi lado optimista acepta ese argumento. No nos fuimos por el barranco y ahí vamos, aunque un poco maltrechos. Algo es algo.

 

[email protected], @andrewholes

 

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