Por: Patricia Lara Salive

Lo bueno, lo malo y lo feo de estas elecciones

HABLEMOS DE LO QUE HASTA AHOra quedó de este proceso electoral macondiano que aún no termina, pues falta definir nada menos si el candidato conservador es Andrés Felipe Arias y, así, corremos el gran riesgo de sufrir el horror de tener que soportar a Uribito ejerciendo las funciones de presidente-títere de Uribe durante cuatro años por lo menos, porque él, muy probablemente, como lo hizo en vísperas de la consulta conservadora, haría inclinar la balanza de la opinión en favor de un ventrílocuo que maneja a su antojo, y no a favor de Juan Manuel Santos, un uribista capaz y con criterio propio.

(Es que a Uribe no le gusta tener a su lado gente de estatura. Por eso, me decía un siquiatra, no ha nombrado ministros más altos que él, ni ha aguantado cerca a personas de la talla de Roberto Junguito o de Rudolf Hommes. Y por algo parecido le cogió ojeriza a su embajadora Noemí Sanín, una candidata tan uribista que fue quien propuso su primera reelección, pero a quien, por lo visto, a pesar de que Uribe decía que, de todos, ella era quien tenía mayor “elegibilidad”, ahora no le perdona que no haya apoyado su segunda reelección, que piense por sí misma, que nombre como jefe de debate a Juan Gabriel Uribe —un opositor suyo— o que critique a su ministro Uribito por su bárbaro engendro del Agro Ingreso Seguro).

Pues sí, mientras tanto, digamos que de estas elecciones quedaron dos cosas buenas: la primera, la irrupción con fuerza del Partido Verde, debida al ejemplo de civismo, trabajo en equipo, inteligencia en el manejo de la comunicación, olfato político y buena calidad humana que dieron los ex alcaldes de Bogotá Enrique Peñalosa, Lucho Garzón y Antanas Mockus: daba gusto ver, de camisa verde, a los antiguos rivales, caminando juntos, abrazándose, queriéndose como grandes amigos, comprometiéndose a respetar las reglas diseñadas por ellos y a apoyar al ganador, que resultó ser Mockus, un matemático brillante, honesto y, ante todo, capaz de educar a este país, quien seguro está dispuesto a que su falencia en la ejecución de proyectos se la supla Peñalosa, o a que su falta de énfasis en la inversión social se la subsane Lucho.

Los Verdes, además, se consolidaron como partido y obtuvieron cinco senadores, con una cabeza de lista, Gilma Jiménez, que sacó la segunda votación del país porque supo hacer que su voz de aliada de los niños calara en la conciencia colombiana. ¡Bien, pues, por el Partido Verde, por Gilma, por Antanas, pero, ante todo, muy bien por el gran equipo de los Tres Tenores!

La otra cosa buena fue el afianzamiento del liderazgo femenino, no sólo por el destacado papel de Noemí, sino porque de los seis candidatos a Senado con una votación superior a cien mil votos, cuatro son mujeres, entre ellas Gilma Jiménez y Dilian Francisca Toro, a quien hay que reconocerle sus iniciativas de leyes para controlar el alcoholismo, el uso del cigarrillo y la diabetes, y su invento de la bancada femenina en el Congreso a la cual, independientemente del color político de sus miembros, puso a marchar en equipo para sacar adelante proyectos que beneficiaran al sexo femenino.

En cambio, como para llorar es el resultado de Compromiso Ciudadano, liderado por Sergio Fajardo, pues no sobrepasó el umbral necesario para convertirse en partido político. ¡Qué pesar!

Y como para dar alaridos es la consolidación del paramilitarismo en la política.

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¡Protesto! Estoy convencida de que al condenar a Álvaro Araujo la Corte sentenció a un inocente.

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