Lo de ser coherente

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Hay que serlo. No faltaba más. Ser caricaturista por oficio —y yo lo soy— es algo muy distinto de serlo en forma esporádica, con resultados seguramente afortunados; en esos casos no hay contradicciones ni el dibujante se compromete con causa alguna o razones políticas.

Pero cuidado con el profesionalismo. Partiendo de la base de que la caricatura es un ariete contra los fuertes, que están en el gobierno, cuando llega a producirse la sustitución política, mal visto está que quien ha combatido con dibujos sardónicos continúe en idéntica lucha contra el nuevo poder. Para el caricaturista que gane su causa puede ser su peor momento. Ricardo Rendón combatió lo que dio en llamarse la Hegemonía Conservadora hasta el año 1930; llegado el gobierno liberal, El Tiempo no vio con buenos ojos sus críticas a Olaya. Se suicidó, es esta una versión, aunque creo en otra.

 

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