Por: Marcela Lleras

Lo injusto de la justicia

ENTRE TODAS LAS FORMAS HORRIbles de violencia que nos tienen cercados en este país, se viene dando con frecuencia la del linchamiento, y los medios, con un toque amarillista, lo están resaltando, especialmente en la televisión.

En días pasados, por mencionar uno de los linchamientos más recientes, sucedió en un barrio del suroriente de Bogotá. Una turba enfurecida, con un instigador aparentemente borracho, asesinó a un hombre de 72 años, en unos hechos no muy claros de abuso de una menor. Ha habido muchos casos de gente que destruye casas a palo y ladrillo; taxistas que persiguen y golpean a sus atracadores casi hasta la muerte.

Me pregunto: ¿por qué personas sin antecedentes criminales reaccionan brutalmente linchando? Es claro, aunque no aceptable, que ante el abuso sexual de un menor de su familia, ante un borracho que echa tiros al aire y les mata un hijo, ante un chofer que atropella a un familiar, lo mata y trata de volarse, la primera reacción sea tratar de hacer justicia por mano propia, porque, infortunadamente, lo que en este país prevalece es la impunidad. Llega la Policía, si es que llega, a los barrios en donde ha sucedido una desgracia, si logran agarrar al que dicen que es el culpable, lo montan en una radiopatrulla, si es que la hay, y a las cuatro cuadras lo sueltan. La gente sabe eso y sabe también el laberinto y los trámites a los cuales les toca someterse para poder declarar contra alguien que ha cometido un acto punible. Y si no tienen conocidos o palancas dentro de la Policía o con los jueces es imposible hacer algo. La justicia en Colombia es enemiga del ciudadano. Generalmente los afectados terminan dándose por vencidos y el hecho queda congelado y el criminal andando tranquilamente por las calles.

Ahora, no habría ningún hecho que pudiera justificar el linchamiento. Para eso existe el Estado, para eso hay leyes, para eso hay jueces y cárceles. Pero aquí hay también, paralelamente, un subdesarrollo y mucha corrupción en todas estas facetas del Estado, de manera que la gente acaba pensando que la única forma de hacer justicia es por sus propias manos y esto, desde luego, genera una contraviolencia peor y más sangrienta y despiadada.

Es un tema muy complicado porque el ser humano al sentirse agredido busca justicia, y si no la obtiene busca vengarse. Pero eso no puede volverse el pan de cada día. Por eso hay que comenzar por los niños, enseñándoles en la escuela, al mismo tiempo que se les enseña a leer, la importancia y el respeto por la vida; la convivencia y la tolerancia, a ver si con educación paramos esta insoportable violencia que distorsiona nuestras actitudes. Y a ver si el Estado logra aproximar la justicia a la gente común y corriente, no en papel sino en la práctica. Si la gente se siente que le están poniendo atención y que puede recurrir a las instancias de la justicia sin que termine incriminada cuando busca incriminar se pueden prevenir hechos tan repudiables como el linchamiento y eso es un paso adelante.

 

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