Por: Hugo Sabogal

Lo masivo vs. lo único

Como todo proceso de evolución, la historia del vino en las Américas ha pasado por varias y definidas etapas, que hoy dejan dos claros bandos opuestos y una muy amplia e indefinida franja central.

En uno de los extremos están los productores de vinos masivos, elaborados a escala industrial. Hay bodegas cuyas marcas populares sacan al mercado entre 10 y 20 millones de botellas. Su único objetivo es satisfacer una enérgica demanda motivada por el bajo precio. Deben ser baratos, y punto. En muchos casos, son híbridos desprovistos de carácter y personalidad. Los más ortodoxos fustigan contra ellos. Pero a decir verdad, los vinos masivos desempeñan un papel muchas veces incomprendido. Debido a sus precios, están en condiciones de iniciar en el vino a personas que podrían estar tomando refrescos o cervezas. Y si creemos en el natural mejoramiento de los gustos y preferencias de los consumidores, lo natural es que empiecen a buscar mejores experiencias.

En la otra punta se ubican aquellos que entregan en cada copa una sensación única. Sus hacedores se preocupan por entender todos los pormenores de suelo, clima y biodiversidad circundante. En este caso, las producciones son de pocos miles de botellas, a precios promedio más altos.

Acaba de pasar por Bogotá el italiano Antonio Morescalchi, fundador de la bodega argentina Altos Las Hormigas, quien defiende el concepto de la unicidad. Su obsesión por crear vinos únicos le ha valido a Altos Las Hormigas los más altos reconocimientos. Morescalchi y su amigo y socio Alberto Antonioni, enólogo de esta bodega, han sido responsables de haberle dado al Malbec el estatus de alta calidad que hoy detenta. “Esta uva, de linaje francés, nunca reveló su gran carácter y personalidad (...). Pero al llegar a Argentina se liberó y, al final, terminó por sorprender al mundo”, dice Morescalchi. “Porque las uvas, como nosotros, también viajan en busca de su paraíso”.

Desde su llegada al Cono Sur, la uva Malbec tuvo bruscos altibajos. Como la planta no era exuberante, se la arrancó sin clemencia y se la reemplazó por cepajes más productivos. Lo poco que se mantuvo en pie sobrevivió a la aniquilación, hasta que viñateros extranjeros y algunos pocos argentinos la rescataron. “Pero el riesgo es que, ante la necesidad de vender grandes volúmenes, el Malbec termine convirtiendo al vino en un simple jugo masivo de uva con alcohol”, advierte Morescalchi.

Para evitar que eso suceda, Altos Las Hormigas, junto con otras bodegas, iniciaron hace unos seis años un proceso de expresar en el Malbec su inconfundible territorio de origen. Y esto hace que un Malbec de Vista Flores sea completamente diferente a uno de un distrito cercano como La Consulta.

Si la sed por el vino sigue en aumento, será necesario que las bodegas especializadas en altos volúmenes mantengan su tarea. Pero el verdadero espíritu del vino sólo perdurará si los vinos únicos e inconfundibles se mantienen vivos.

 

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