Por: Hugo Sabogal

Lo nuevo de Zuccardi

José Alberto Zuccardi viaja por el mundo presentando las innovaciones en sus vinos y cautivando a nuevos paladares.

Son pocas las grandes bodegas argentinas que se mantienen en manos de sus propietarios originales. En la provincia de Mendoza están Catena Zapata, Dominio del Plata, Finca Sophenia, Luigi Bosca y Valentín Bianchi; en la norteña Salta y en Río Negro, Humberto Canale.

En un universo de más de 1.200 empresas existen otras firmas de capital nacional, las cuales aún no gozan de figuración y renombre. Y, por supuesto, sobresale el grupo de legendarias marcas que hoy está en manos de inversionistas y no en las de sus fundadores.

Entre las primeras, no puede faltar Familia Zuccardi, con cinco años en el mercado colombiano. Me detengo en Zuccardi porque es un proyecto genuino e innovador, el cual ha logrado descubrir el nuevo gusto argentino por el vino y ha sabido interpretar la naturaleza diversa del paladar internacional, incluido el colombiano. Equilibrio que le ha permitido llegar a miles de consumidores en los principales mercados del mundo.

Otro aspecto, y para mí el más importante, tiene que ver con la naturaleza humana de José Alberto Zuccardi, director de la bodega, quien, incansable, se desplaza por el mundo, maletín en mano, promoviendo su empresa y su país. Desde finales de los 90 entendió que el éxito del vino austral sólo puede ser posible si los productores se anticipan a las tendencias. Una de ellas es presentar aromas y sabores más frescos y amables, con la finalidad de persuadir el paladar del consumidor y no cansarlo.

Hace menos de una década, los vinos argentinos eran empalagosos, pues así lo exigía el consumidor local. Pero el bebedor de otras latitudes los rechazaba. Zuccardi fue uno de los primeros en entender la necesidad de cambio.

Hoy, sin apartarse del consumidor contemporáneo, Zuccardi no deja de pensar en los gustos futuros para evitar que lo tomen por sorpresa. Recientemente me dijo que los compradores serán cada vez más exigentes, porque “aprenden, comparan y desean descubrir nuevas experiencias”.

Esta realidad le ha servido de estímulo para lanzar su proyecto Santa Julia Innovación, 25 nuevos tipos de uva, hasta ahora inexplorados en su país. “Al tratarse de cepajes adaptados a un nuevo territorio, presentan posibilidades únicas”, dice.

Algunas variedades, por ejemplo, son la Caladoc, un cruce de Garnacha (clásica española) con Malbec; la Marselan, un híbrido de Cabernet Sauvignon y Garnacha. “La gama de posibilidades es inagotable”, afirma Zuccardi. “Es la mejor forma de interactuar con el consumidor, quien cada día anhela nuevas cosas”.

Por ahora, los colombianos tienen un buen abanico de la Familia Zuccardi, como las líneas Fuzión (blancos y tintos vivaces, fáciles de tomar); Santa Julia joven (gama amplia con características frutadas respetuosas de las variedades que la componen), y Santa Julia Reserva (para quienes esperan vinos con rasgos de personalidad acentuados).

El panorama de Zuccardi es uno de los más amplios en el mercado colombiano. Muchos se habrán dejado llevar solamente por el vino, tal y como debe ser. Pero para otros, conocer el pensamiento de su cabeza más visible les permitirá entender mejor lo que hay detrás.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Hugo Sabogal

Delicias amargas

El gusto por Croacia

Los vinos que vienen

Lo bueno de la adversidad

Italia esencial