Por: Luis Carlos Vélez

Lo que deja el escape de Merlano

Se fugó Aída Merlano y rodaron cabezas como debía ser; se fugó Santrich y nadie se hizo responsable. Punto para el Gobierno y su ministra de Justicia y otra razón para pedirles a las Cortes y la JEP un poco de autocrítica.

En esta columna hemos reprobado varias de las actuaciones del Gobierno. Hemos cuestionado su capacidad de hacer política, sus equivocaciones económicas frente al manejo de la ley de financiamiento y el esquema tributario; evidenciamos errores en el manejo sobre Venezuela y las relaciones con EE. UU., y prácticamente desde el día uno subrayamos el riesgo, ahora prácticamente realidad, de convertirse en un pato cojo; pero es importante que, en los momentos en que actúa bien, se identifique y subraye.

Es por eso que vale la pena aplaudir la manera en que ha asumido sus dos errores más recientes, estamos hablando del oso del dossier de las Farc/Eln presentado en la ONU y la fuga de Aída Merlano. En ambas oportunidades las cabezas de las unidades en donde se presentó el problema fueron despedidos. Eso se llama responsabilidad, honestidad y transparencia. Es demostrar que cuando hay errores producto de la mala gestión, se deben aceptar y, paso seguido, corregir. Dignidad escasa en nuestro país.

Pero esa manera de actuar, correspondiente a lo que en la política gringa se conoce como “accountability” o responsabilidad y rendición de cuentas, es precisamente lo que le ha faltado a las Cortes y la JEP. Precisamente en el caso Santrich, ambas, en lugar de hacerse responsable de su desaparición y asumir el error que lo llevó a que ahora esté armado en Venezuela preparando el regreso de las Farc recargadas, se parapetaron en la interpretación cuestionable de los conceptos derivados de una justicia alternativa que desafortunadamente pareciera un blindaje para guerrilleros que no quieran cumplir con los preceptos fundamentales del Acuerdo de Paz consagrados como justicia, verdad, reparación y no repetición. Lamentable.

A grandes poderes, grandes responsabilidades. Es por eso que la grandeza de la labor conferida a los representantes de las Cortes y la JEP debería ser correspondida con mayor autocrítica y dignidad. Ninguno de estos estamentos, y menos en una democracia donde hay división de poderes y aún una prensa libre, debe estar por encima de las críticas, las investigaciones y los controles sociales y judiciales. No tienen ni deberían tener un blindaje especial.

Afortunadamente para las Cortes y la JEP, todos los días vienen oportunidades para demostrarnos a los colombianos que actúan de manera idónea y no motivadas políticamente o en busca de aplausos de un sector de la prensa. El martes es una de ellas.

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2019-10-06T14:21:36-05:00

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