Por: Columnista invitado

Lo que desnudaron los ejercicios militares de Venezuela

Justo cuando América Latina ha reducido sus ejercicios militares unilaterales por razones estratégicas, de presupuesto y por dinámicas de potenciar las operaciones combinadas con naciones aliadas en aras de construir confianza militar regional, Venezuela registra un fin de semana de maniobras que elevaron preocupaciones sobre su alcance, magnitud e impacto en Colombia y en la región. En ocasiones los despliegues de armamento en vez de generar majestuosidad y crecimiento militar, dejan al desnudo grandes deterioros estratégicos.

Las maniobras militares siempre responden a circunstancias propias de ejercicios convencionales que buscan persuadir a sus rivales externos sobre el poderío militar, incluso, al mostrar las nuevas adquisiciones en materia de arsenal, no siempre es directamente proporcional a una carrera armamentista, puede ser leído también como una cuestión de renovación y vanguardia de las mismas.

No obstante, el mensaje que ha mandado el gobierno de Nicolás Maduro es contradictorio en sí mismo, pues la atomización del uso de la fuerza y la degradación del monopolio de la violencia ha dejado todo menos una persuasión sobre la hipótesis de guerra con Washington o en su defecto con Colombia. Dejó al desnudo un grave problema de institucionalidad, de mando, control y arquitectura de la seguridad venezolana. Todo indica que la seguridad, o por lo menos lo que entiende Venezuela por esta, se degenera rápidamente y al degenerarse, el primer afectado siempre es el Estado degenerador en vez de un rival externo.

Las maniobras bautizados por Caracas como “Ejercicios Soberanía Bolivariana 2017” estuvieron protagonizados por personal irregular, milicias y grupos de 900 mil personas que no hacen parte de la oficialidad de las fuerzas. Situación que despierta intranquilidad por el desbordamiento y descontrol de los asuntos concernientes a la seguridad y la defensa. Una muestra de la inviabilidad y fracaso de una nación es cuando sus dirigentes políticos y líderes militares empiezan a desconocer a sus integrantes, de hecho estos últimos, no saben bien a quien le sirven.

La inversión en defensa por parte de Caracas, según el Stockholm International Peace Research Institute (Sipri), en el 2016 fue de 2.336 millones de dólares, uno de los más bajos de América Latina. Lo anterior significa que las armas convencionales y lo registrado el fin de semana en zona fronteriza con Colombia no son sinónimo de una cuestión por la cual debería preocuparse Bogotá. La verdadera preocupación está en las amenazas y ejercicios hostiles de orden subterráneo, irregular, no convencional y la aparición de civiles muy armados. Verdaderos asuntos que deberían prender las alarmas de la región más allá de unas cotidianas maniobras regulares.

CÉSAR AUGUSTO NIÑO GONZÁLEZ
Profesor Escuela de Política y Relaciones Internacionales de la U. Sergio Arboleda

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