Por: Luis Carvajal Basto

Lo que diga Uribe

Esta semana varios precandidatos presidenciales comenzaron a jugar públicamente sus cartas. La consecuencia inmediata es que se ven fisuras en la coalición de gobierno y en el Polo. Otros prefieren esperar para ver que pasa con la candidatura del Presidente. En síntesis, no se sabe que decidirá, pero como hace cuatro años, todos los eventuales candidatos están pendientes de lo que diga Uribe.

Al igual que muchos observadores no entendí muy bien las declaraciones de la Presidenta del Congreso el pasado domingo cuando dijo que la nueva candidatura del presidente Uribe era un hecho y que sería anunciada el próximo 20 de julio al iniciar la nueva legislatura.

Y no entendí, porque se esperaría que un anuncio de ese tamaño lo debiera hacer el mismo Uribe o alguien que no tuviese tantos vínculos con las aspiraciones de otro precandidato como Germán Vargas. Y menos, cuando el mismo día el vocero de Cambio Radical en la Cámara, Señor Barreras, expresó conceptos que diferían de los procedimientos propuestos por la señora Gutiérrez.

A estas horas nadie sabe si ella estaba interpretando al Presidente, al ex Senador Vargas Lleras o a ella misma cuando dijo lo que dijo. En cualquier caso, la renuncia de Vargas Lleras y la posición asumida por su partido frente a la reforma política, son un mensaje directo acerca de las características de su aspiración en las próximas presidenciales. Se lanzó al agua y es lo único claro que tiene hoy la carrera presidencial del 2010.

En situación parecida se encuentran otros precandidatos al interior de la coalición, como los ministros Santos y Holguín y el mismo Vicepresidente. Y Nohemí Sanín, quien más lejos de su Pastranismo y pasando agachada en muchos temas, registra muy bien en las encuestas. Se vienen renuncias, pero a diferencia de Vargas Lleras, todos hacen tiempo para ver que dice el Presidente.

Por los lados del Polo está ocurriendo lo que se esperaba: estaban demorados en pelearse dadas las aspiraciones encontradas de Garzón, Petro y el mismo Carlos Gaviria. Todos tienen ambiciones tan grandes que contrastan con las escasas posiciones que ha alcanzado ese movimiento: las Alcaldías de Bogotá y Pasto en las que Navarro y Samuel son pesos del mismo tamaño de ellos y tienen vuelo propio.

No es difícil prever que hasta tanto no aclaren sus controversias y consoliden  o no sus aspiraciones, no estarán en condiciones de hacer oposición con seriedad o pactar alianzas con nadie. Mientras tanto, el Liberalismo continúa fragmentado y no se ve como pueda superar los antagonismos entre sus diferentes sectores como primer paso para convertirse, otra vez, en alternativa de poder.

En este escenario, hasta hoy, una candidatura de Uribe encontraría su más delicado escollo no en la oposición sino en los más de siete millones de votos que debe conseguir el referendo que apruebe otra reelección y en la imagen desgastada de congresistas que la están promoviendo y que a su candidatura, como a la de cualquiera, le quitan mas votos de los que le pueden ofrecer.

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