¿Lo que el viento se debió llevar?

Noticias destacadas de Opinión

“Había una tierra de caballeros y campos de algodón llamada el viejo sur. Aquí, en este hermoso mundo, la galantería hizo su última reverencia. Aquí fue lo último visto de caballeros y sus damas de honor, de amo y de esclavo”. Así comienza Lo que el viento se llevó, la película de 1939 que ha vuelto a ser centro de controversia. Este clásico del cine tuvo su última resurrección en el debate público la semana pasada, a raíz de la decisión de HBO Max de removerla temporalmente de su servicio. La idea es incluirla en un futuro con una nota contextual que evite cualquier idealización o relativización de la esclavitud. Como dijo su vocero: “Esas representaciones racistas estaban equivocadas entonces y lo están hoy también. Sentimos que mantener este título sin una explicación y una denuncia de estas representaciones sería irresponsable”.

Lo que el viento se llevó fue una de las películas que tuve que ver de niña. No sé qué pensé en ese momento. Ni siquiera sé si pude seguir la trama. Pero como a la memoria le encanta el trauma, una de las imágenes que me quedó grabada fue la escena donde las mujeres blancas, en medio de una festividad, son obligadas a ir a dormir la siesta. Mientras tanto, los hombres blancos permanecen en la sala tomando brandy, fumando cigarros y hablando de política. Esa escena es seguida por otra en donde las mujeres blancas son ayudadas a retirar sus vestidos por esclavas negras. Luego se recuestan mientras niñas negras, también esclavas, que no duermen, las ventilan con una especie de plumero. Por muchos años, el horror de esta escena me persiguió junto al de Bambi.

A esa edad no tenía mayor formación, pero supe que había algo grotesco y cruel en todo el asunto. Me ha tomado muchos más años de educación y de lectura entender no solo la ceguera de la película sobre el horror de la esclavitud, sino también la movilización de todos los estigmas sobre el negro bruto, mentiroso, simplón, ruidoso, domado, mezquino o carente de cualquiera de las virtudes reservadas para las damas y los caballeros. La película es genial en muchos otros aspectos. Es más, es genial en su misma ofuscación e injusticia. Nos muestra cómo en 1939, 74 años después de la abolición de la esclavitud en EE. UU., semejante despliegue de racismo logró ser un éxito taquillero.

Ahora bien, ¿necesitamos un letrero que nos aclare desde el inicio que hay una falsa y peligrosa idealización de la vida en las plantaciones? ¿De verdad necesitamos que nos digan que esa servidumbre alegre y benevolente que muestra la película era en realidad una esclavitud brutal? Muchos han salido a ridiculizar el debate. “Ahora vendrán a pedir que eliminen a Jefferson por haber sido esclavista”, “borremos entonces toda la historia de una vez”. Estos reclamos no solo tienden a caer en la falacia de la pendiente resbaladiza, sino que sitúan el debate en la trillada dicotomía historia vs. memoria. La consigna política dice “el racismo está mal” y es raro que hoy en día encontremos a alguien que no concuerde. Pero, igual, cuando Parásito, de ‎Bong Joon-ho, se ganó el premio a mejor película en los pasados Óscar, Trump se quejó y dijo: “Traigamos de vuelta Lo que el viento se llevó, por favor”. Y uno no deja de pensar que es a otro a quien se debió llevar el viento y que este tipo de discusiones hay que darlas una y otra vez.

Comparte en redes: