Por: Arlene B. Tickner

Lo que está en juego con Palestina

El presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, atinó cuando observó que la decisión de solicitar la admisión de Palestina a la ONU como Estado miembro o, como en el caso de la Santa Sede, no miembro, “había desatado un infierno”.

Muchos han afirmado que se trata de un gesto simbólico que, en el mejor de los casos, no cambiará nada, igual como el hecho de que 126 de los 193 países miembros ya reconocen al Estado palestino. No obstante, Estados Unidos e Israel han hecho lo imposible por disuadir a Abbas y por bloquear una votación sobre el tema en el Consejo de Seguridad o la Asamblea General.

¿Qué es lo que está en juego?

Luego de 20 años de intentos fallidos por resolver el conflicto israelí-palestino, en los que estos dos países han insistido en un esquema bilateral en donde los términos del debate han sido controlados por ellos, la apuesta palestina supone un “cambio de juego” importante.

Como lo confirman los “Palestine Papers”, un conjunto de más de 1.600 documentos confidenciales sobre las negociaciones de paz, la falta de voluntad de Israel de lograr la paz ha sido una constante durante ese periodo. No sólo se ha ufanado públicamente de “crear hechos en el terreno” (es decir, los asentamientos ilegales) a partir de los cuales forzar a los palestinos a hacer concesiones, sino que ha exigido ser reconocido como Estado “judío”, en desconocimiento abierto de los derechos de los 1,5 millones de palestinos que viven en el país. Al forzar un debate dentro de la ONU, el balance de fuerzas en torno al proceso de paz puede tildar en contra de Israel.

La credibilidad de Estados Unidos también corre riesgo. Aunque el gobierno Obama intentó resucitar el proceso de paz y pidió como condición mínima el congelamiento de los asentamientos en Cisjordania, el primer ministro Netanyahu lo desafió y continuó con dicha práctica expansionista. Nuevamente, cuando a mitad de este año Obama sugirió que la política actual de Israel era insostenible, Netanyahu lo regañó públicamente, con el beneplácito de los líderes del Congreso estadounidense.

De lo anterior no es difícil concluir que Israel es un aliado “ingrato” al que Estados Unidos ha defendido —por razones que no hay espacio para explorar aquí— ante cualquier cuestionamiento que se le haya formulado dentro de la ONU. Si bien el gobierno Obama volverá a ampararlo, en caso de que llegue a debatirse la solicitud palestina en el Consejo de Seguridad, lo hará esta vez en negación de su propio reconocimiento de que la única solución al conflicto israelí-palestino es la creación de dos Estados con base en las fronteras existentes antes de la guerra de 1967. Así, también perderá legitimidad ante el resto del mundo árabe.

Y el Gobierno colombiano, ¿qué dice sobre todo esto?

A pesar de haber adoptado un papel ecuánime en la discusión histórica sobre el conflicto israelí-palestino, no sólo es el único país sudamericano que no ha reconocido al Estado palestino sino que, como miembro del Consejo de Seguridad, ha manifestado su oposición a la petición de Abbas.

Si bien su cercanía tanto a Estados Unidos como a Israel, más que cualquier apelación al derecho internacional, explica esta posición, no la justifica. De hecho, pone a Colombia en el lado equivocado del debate.

 

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