Por: Cristo García Tapia

Lo que falta para la P…

Para llegar a la PAZ, con mayúsculas todas, falta un abecedario por saber de buena tinta: de la A a la Z.

Y es que el desarme de la guerrilla de las Farc-Ep, dejación negociada de armas, no es la Paz.

Ni lo es la “conversión” de este ejército revolucionario en partido, en organización civil, en fuerza política; tampoco lo serán las circunscripciones especiales de paz, la reforma rural integral, la ley estatutaria de la JEP, la amnistía y el indulto, entre tanto estos adeudos, en tránsito aún por los retenes y alcabalas del Congreso de la República o de la Corte Constitucional, no surtan los pasos pendientes.

Y menos la proclama ultramarina del presidente Santos del “fin de las Farc” va a ser el conjuro seguro para que la sola impetración del blanco monosílabo devenga en la Paz debida al país, impuesta como derecho en la Constitución Nacional y legitimada por el Estado en un Acuerdo de Paz con fuerza de ley, de cuyo efectivo cumplimiento y desarrollo, además de dudar y desconfiar los colombianos por antecedentes históricos de sobra conocidos, no es que se vea arresto de Estado y Gobierno por materializarlo.

Ya lo decíamos en otra columna, y lo reiteramos en esta y cuantas veces sea pertinente: las armas, el conflicto armado, no son el súmmum de la guerra de medio siglo que se libra entre Estado y guerrillas, ni las Farc-Ep, el único agente que a lo largo de ese oneroso periodo ha compartido con el Estado el monopolio, alterno, de las armas para reivindicar una causa, legítima o no, en el ámbito social, económico, ideológico o político.

Aquí se han alzado en armas, igual que las guerrillas por reivindicaciones sociales y políticas, narcotraficantes, terratenientes, bandas criminales, paramilitares, esmeralderos, invocando y defendiendo causas eminentemente económicas, y todos por igual han detentado el monopolio alterno de las armas y confrontado al Estado por la vía armada en vastas regiones de Colombia y en “defensa” de su interés particular.

Es así, entonces, que la paz que hoy se celebra, o ya se proclamó el martes 27, como el fin de una guerra de más de 50 años, es más, impensadamente, un deseo en voz alta que una verdad  fáctica, materializada en el monopolio único de las armas en favor del Estado.

Ni en los últimos 50 años del siglo XX ni en los que van corridos del XXI el Estado colombiano ha detentado de forma exclusiva ese monopolio, y en mayor cantidad que otros actores de la guerra en Colombia, ha sido la guerrilla la única organización armada que a la hora de pactar la paz se ha comprometido y cumplido con la dejación de armas en proporción directa al número de desmovilizados registrados por la ONU, incluso entregando más de un arma por combatiente.

Confrontando registros y archivos periodísticos, documentos y memorias oficiales y de organismos internacionales que tuvieron bajo su supervisión y apoyo el proceso de desmovilización y entrega de armas a retazos de los 31.670 combatientes de las Auc debidamente registrados, encontramos  que solo 16.856 hicieron entrega de “una” arma, que recibía Luis Carlos Restrepo, comisionado de Paz, y supervisaba el veedor Sergio Caramagna, OEA.

Un arma por combatiente es un decir, lo que realmente entregaron los paramilitares de las Auc fue el equivalente de media arma, 0,53, por combatiente.

¿Adónde, en manos de quién, “depositaron” las que no recibió Restrepo ni vieron Caramagna y la OEA? ¿Y los helicópteros y lanchas rápidas que patrullaban cielos, ríos y golfos de los territorios y feudos “refundados” por las Autodefensas, quién los heredó y les cambió por otros la pintura y los emblemas para que siguieran cumpliendo su “patriótica misión”?

En lo que corresponde y compromete a las guerrillas de las Farc-Ep, bienvenida la paz, pero y los paramilitares y las bandas criminales y los narcotraficantes y los despojadores de tierras y los clanes matando policías y los corruptos de todas las pelambres, ¿cuándo van deponer las armas, a desmovilizarse, a reparar a sus víctimas, a someterse a la justicia?

O el Estado, a someterlos y recuperar las armas en su poder de facto para que, efectiva y legítimamente, el monopolio de estas devenga exclusivamente en su favor y a título dominio pleno y exclusivo.

¿Cuándo?

* Poeta.

@CristoGarciaTap

 

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