Por: Columnista invitado EE

Lo que hacemos les queda

Por Juliana Pungiluppi*

Hay cuatro formas de violencia contra niños, niñas y adolescentes: la psicológica, la física, la sexual y la letal. En el primer semestre de 2019, se presentaron 344 homicidios de menores de 18 años según Medicina Legal. La prevalencia de las otras violencias se midió por primera vez en la encuesta contratada por el Ministerio de Salud al Centro para Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos el año pasado. Los resultados nos reportan que cerca de la mitad de nuestros niños sufren algún tipo de violencia. Las niñas sufren más violencia psicológica y sexual que los niños; los niños, más violencia física que las niñas. El conflicto armado también genera efectos devastadores. Mas de 1,3 millones de niños han sido desplazados, el 33 % de ellos menores de seis años. Cerca del 14 % de estos niños sufren estrés postraumático.

Son múltiples las cifras que se utilizan para presentar la fotografía del país en este sentido. En estos ejercicios debe primar la validez estadística y evitarse la manipulación para que respalden puntos de vista o posiciones ideológicas.

El panorama desde donde se le mire es alarmante y nos necesita unidos como sociedad.

Para hacerle frente a la problemática, el Gobierno Nacional convocó a una gran Alianza Nacional contra la Violencia hacia NNA que apunta a acelerar la formulación de una política pública integral basada en evidencia y, al mismo tiempo, a movilizar a la sociedad para que apoye su implementación y se comprometa con una transformación cultural que acabe entre otros, con la normalización.

La política pública tendrá cuatro líneas estratégicas: promoción de entornos protectores, generación de aptitudes para la vida de los NNA, construcción del marco legal y atención oportuna e integral. Estas líneas se sustentan en tres ejes transversales: datos y evidencia, arquitectura institucional (gobernanza) y movilización social. En el frente de entornos protectores se apunta a fortalecer a las familias mediante, entre otros, pautas de crianza, atención en salud mental, abordaje del hacinamiento y orientación para la superación de la pobreza. En el entorno educativo se fortalecerá el involucramiento parental a través de las Escuela Familia, se mejorarán las habilidades socioemocionales de los agentes educativos y se afinarán las rutas de atención e identificación de casos. En el entorno digital se diseñará una política pública para la prevención de riesgos digitales en cumplimiento de la Ley 1978 de 2019.

En el componente de aptitudes para la vida se promoverán programas de prevención del consumo de sustancias sicoactivas, tanto de NNA como de adultos, y se promoverán capacidades de autocuidado, autoestima y proyecto de vida de los menores de edad, para que tengan capacidad de protegerse por fuera de su red familiar. En el componente de marco legal se incluirán todas las iniciativas legislativas y normativas, como el proyecto de ley para la prohibición del castigo físico, así como la puesta en marcha del Registro de Ofensores Sexuales y la activación de un fondo exclusivo para la lucha contra la explotación sexual comercial.

En el componente de atención oportuna se creará un Grupo Intersectorial Especializado para disminuir la impunidad mediante el fortalecimiento de las funciones de policía judicial y de investigación por parte de la Policía Nacional y de la Fiscalía, y la especialización de los jueces para un abordaje diferenciado y preferente de los casos contra NNA. En este frente también se incluye la adopción de tratamientos basados en evidencia para la superación del trauma de las víctimas.

Un primer eje transversal que soporta estos pilares será la gestión de datos y evidencia, incluido un gran estudio de normas sociales y ejercicios de Inteligencia Artificial para optimizar los datos interagenciales en aras de la anticipación de los casos. Un segundo eje es la arquitectura institucional que promueva la coordinación, no sólo entre entidades del gobierno sino también entre Nación y Territorio y entre el gobierno y la sociedad civil y sector privado. La movilización social será el tercer eje como gran catalizador de toda la política pública.

El proceso de formulación será participativo, construyendo sobre lo construido e incentivando las concurrencias y las sinergias. El camino es largo y lleno de discusiones. La transformación cultural empieza por cómo abordemos el reto, por el manejo ético que le demos a las cifras y lo respetuosos que seamos con el disenso. Ese ejemplo de tolerancia les queda a los principales beneficiarios de este esfuerzo. Todo lo que hacemos les queda.

* Directora del ICBF.

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2019-08-25T00:00:00-05:00

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