Por: Columnista invitado

Lo que la Décima se llevó

Que yo recuerde, la única avenida bogotana con remoquete es la carrera Décima, apodada por sus detractores como la “Pésima”.

Extraña pensar que algún día fue emblema de la modernidad bogotana de mitad de siglo. Ahí donde está (tan modesta, convulsionada y teñida de color gris por el smog) tiene cuatro siglos, aunque no siempre tuvo 50 metros de ancho.

En principio fue una callecita estrecha a la que obstaculizaban caserones, el convento de la Concepción y la iglesia de Santa Inés, joya colonial demolida hace 60 años por orden del alcalde Mazuera, afamado asesino de tranvías. En semejante masacre arquitectónica, bajo sus escombros hallaron el cadáver de José Celestino. Así —borrando patrimonio y levantando muertos— la Décima fue haciéndose grande.

Su llegada arrastró al viejo mercado de la Concepción, primera plaza de víveres techada en la ciudad; el conjunto La Cité, edificación que inauguró tal tipo de construcciones en Bogotá, y la unión entre el San Juan de Dios y el Materno Infantil. Y como si esto no la saciara —siempre devoradora de árboles y patrimonios—, doña Décima nos mutiló el Parque Centenario. La intención, al parecer, era noble. Por entonces se hacía urgente destaponar trayectos y hacer un enclave financiero presentable, con miras a la Conferencia Panamericana de 1948. Pero una vocación trágica —acaso debida a que la Décima emergió sobre las ruinas de aquella capital de barro a la que ella misma sin piedad arrasó— la acompaña desde entonces.

Y se transformó en corredor de busetas y buses desaforados. Con esto comenzó la llamada guerra del centavo, inmortalizada por Ciro Durán en el filme homónimo y hoy en reconfortante vía de extinción. No por ello la Décima carece de magia o futuro. El Pasaje Rivas —mercado de ruanas, minitejos, molinillos, pipas, cunas, canastos, fiques, cañas, cabuyas, arte country y de casi cualquier otra cosa que pueda existir en el universo— está ahí, tan vivo como en 1893. Quien no ha abordado una buseta allí no conoce Bogotá. Además, planes sostenibles de renovación prometen corredores arborizados, un conector futurista entre estaciones de Transmilenio y un transporte estilo Los Supersónicos, denominado Automatic People Mover, entre San Victorino y el Parque Tercer Milenio.

Esas y otras serán las historias del próximo Callejeando, serie documental del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural, que se presenta el domingo a las 9 p.m. por Canal Capital.

 

*Andrés Ospina** Escritor y presentador de Callejeando.

 

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